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miércoles, 23 de mayo de 2012

Gente

Mi ciudad está llena de gente. En el lugar en el que vivo es imposible no cruzarte con gente en la calle, en el metro, en las escaleras mecánicas, en la frutería o en el ascensor. El mundo en sí está lleno de gente, de seres humanos corrientes que se despiertan, trabajan, comen, duermen... especímenes con bocas, ojos, brazos y pelo que se mueven de forma semiautomática en una tela de araña llena de conexiones insospechadas. Es como ese semáforo en la gran ciudad. En el segundo exacto en el que se pone verde, la masa de gente empieza a caminar. Y de vez en cuando (sólo de vez en cuando) dos personas de la masa se chocan entre ellas y se percatan de la existencia real del otro.

martes, 19 de julio de 2011

Excusas convincentes

Enójate con mis pataletas
de niña pequeña y caprichosa
que busca tenerte en cada arruga,
en cada poro de la desnutrida piel.

Indígnate con mis incoherencias
verbales y argumentales,
carentes de la lógica elemental
que se le presupone a una escritora.

Cánsate de mis ojos llorosos
que hacen de lo más simple
un chantaje emocional.

Grítame al oír mi voz quejumbrosa
que te requiere desde el otro lado
de la línea telefónica.

Así, sin más, no servirá de nada.
Seguiré haciéndome pequeñita
cada día que pase sin comer de tu saliva.
Continuaré dejando paso
a la tristeza incontrolada
de la noche que llega sin tu sonrisa.
Morderé, desgarraré y trocearé
cada pedazo que quede de tu bendita paciencia.
Porque tengo la mejor excusa
literaria, causística y entrópica:

Te amo.

domingo, 8 de mayo de 2011

José y Pilar, la poesía de Saramago

¿Qué clase de mundo es éste que puede mandar máquinas a marte y no hace nada para detener el asesinato de un ser humano?

José Saramago

 Recuerdo la primera vez que un libro de José Saramago cayó en mis manos. No fue hace mucho, quizá cuatro o cinco años. Me lo había recomendado un novio ingeniero con afición a la literatura, así que realmente no sé si me decidí a leerlo más por interés propio o por la estupidez hormonal propia de la edad. De todas formas, Ensayo sobre la ceguera no me dejó indiferente: la peculiar forma de redacción del autor, la inverosímil trama, la más que absoluta certeza en los comportamientos de los personajes, el miedo a imaginar que algo así pudiera suceder contribuyeron a aumentar mi estima por el portugués. 

jueves, 21 de octubre de 2010

Pensamientos de una noche otoñal

La vibración incandescente
de tu suspiro sobre la almohada
en el sueño de medianoche
me convierte en la víctima
de un asesinato perfecto.
Filos de alas de libélula
que rozan, sutiles,
y hacen sangre invisible
del hálito enmarañado
que te arropa de madrugada.
Eterna combustión de besos
y caricias nunca dadas
que perecieron sin nacer.

sábado, 20 de marzo de 2010

La chica que soñaba con un beso y un puñal en el corazón

El ser que yo era, ya no soy. El ser que creía ser, el sentimiento personificado, la atónita tonta sensible. ¿A dónde fue? Desnuda ante el espejo. D-E-S-N-U-D-A. Qué gracia, tengo pelos en las piernas y resulta que no me importa. Resulta que hasta me gusta la pequeña curva de mi vientre. De cerveza.

La agonía puede matar
o puede sustentar la vida
pero la paz es siempre horrible
la paz es la peor cosa
caminando
hablando
sonriendo
pareciendo ser.
Charles Bukowski

Por eso temo la tranquilidad. Por eso enloquezco y doy vueltas dentro de mi habitación y la cabeza me gira insistentemente cuando todo marcha de la mejor forma posible. Necesito la emoción, la incertidumbre, enamorarme cada día de nuevo, que se me derrame el corazón cada vez que te vea aparecer. Necesito ciudades desconocidas en las que emborracharme a la orilla del mar. O del río. O de una fuente cualquiera... Perderme en los cascos antiguos y aborrecer la perfección de las nuevas construcciones. Calles paralelas y perpendiculares, dais pena. La risa se me ahoga ante el descubrimiento de que alguien me persigue. Correr para ponerme a salvo. La imaginación al poder y las llaves en la mano. Trasnochar cada fin de semana no me satisface. Tengo orgasmos más placenteros cuando los sábados, a la una de la mañana, escucho canciones mágicas y leo los poemas que siempre soñé escribir.

¿Y la tranquilidad de mi ser que yo sé que ya no es? Cualquiera sabe. Por eso me encanta y odio sentir celos cuando me dices esas cosas. Celos que me trastocan, que me revolucionan, que me hacen SENTIR. Ya ves... El miedo horrible y fantástico de pensar en lo que podrá ser pero sé que no será.






domingo, 22 de noviembre de 2009

Nula explicación



Apareces disfrazado de sonrisa

en el sueño que va

del café a la mesilla de noche.

Pinchas y arañas tanto

como los tragos de whisky

que desayunan los borrachos

cuando no tienen nada más

que llevarse a la boca.

Y me empapas el cuerpo

con sudor de melancolía

gestado en un útero vacío

que jamás conoció

el sabor del semen.

Estremeces y conmueves

como la lluvia del invierno

cuando moja la ropa

de los vagabundos

que se quedaron sin hogar.

Ahuyentas la costumbre

de amar pasivamente

en tardes otoñales

de frío tras el cristal,

transpolando los sentidos

que van desde la cama

a los gritos del orgasmo

en el cuarto de estar.

Tu risa encierra el misterio

de las cosas que todavía

no tienen explicación

y atormentan al intelecto

buscando porqués inexistentes.

Te paseas desnudo

delante de mi

y corroboro que la felicidad

no entiende de motivos.

domingo, 17 de mayo de 2009

Adiós, camarada



No suelo publicar dos veces en el mismo día, pero los acontecimientos de esta semana me obligan a ello. Sé que la muerte está ahí, presente en todo momento, y no es tanto el miedo que le tengo a ella como al dolor, a esos instantes de sufrimiento eterno que parecen que no van a acabar nunca. Hasta que todo se funde y el negro más infinito te atraviesa.

Mario Benedetti ha muerto. No lo conocía, nunca tuve la ocasión de cruzármelo ni saludarlo o decirle hola, ¿cómo estás?. No estoy alrededor de su familia llorando en su funeral, ni siguiendo su ataud a través del cementerio. Nunca me obligaron a leer un libro suyo de poemas, nunca me aprendí nada de memoria. Pero él estaba ahí, estaba allí. Yo sabía que existía y eso era suficiente. Yo sabía que podía buscar sus versos por alguna página, y pasarme horas delante de la pantalla leyendo. Tenía la certeza de que me tendería una mano cuando lo necesitase. Y ahora... ahora ya no está. Nunca más una palabra emanará de su pluma. No más poesía, el cielo está triste.

Parece que el mundo va perdiendo cada vez a más personas únicas e irrepetibles. Nada se escucha de nuevas voces críticas, nada de nuevos escritores, de nuevos pensadores, de nuevos políticos que se atrevan a plantar cara, a pegarle un buen empujón a esta sociedad carcomida y oxidada.

Aquí les dejo un poema que utilicé en cierta ocasión para regalárselo a mi compañero, una de aquellas veces en las que Benedetti fue lo suficientemente amable como para arroparme en las noches de soledad y melancolía.

Espero

Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas, lo sé,
sé que no vendrás.
Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
Sé que ya no estás.
Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor, pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
Pues sé que no vendrás.
Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá, yo aquí, añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida,
Quizás por el resto de nuestras vidas.
Es triste hablar así.
Cuando el día se me hace de noche,
Y la Luna oculta ese sol tan radiante.
Me siento sólo, lo sé,
nunca supe de nada tanto en mi vida,
solo sé que me encuentro muy sólo,
y que no estoy allí.
Mis disculpas por sentir así,
nunca mi intención ha sido ofenderte.
Nunca soñé con quererte,
ni con sentirme así.
Mi aire se acaba como agua en el desierto.
Mi vida se acorta pues no te llevo dentro.
Mi esperanza de vivir eres tu,
y no estoy allí.
¿Por qué no estoy allí?, te preguntarás,
¿Por qué no he tomado ese bus que me llevaría a ti?
Porque el mundo que llevo aquí no me permite estar allí.
Porque todas las noches me torturo pensando en ti.
¿Por qué no solo me olvido de ti?
¿Por qué no vivo solo así?
¿Por qué no solo....


Benedetti ha muerto con 88 años. Y no me pregunten porqué siento esta infinita tristeza, porque se me nublan los ojos de lágrimas, porqué me afecta así su desaparición. Quizá sea que tengo la certeza de que nadie volverá a entenderme cómo él lo hacía, o quizá tener ese amante en común (la lengua), o qué se yo...

miércoles, 21 de enero de 2009

El futuro que no es

Pararme a pensar
es sinónimo
de echarle de menos.
Cautiva de aeropuertos,
esclava de la ausencia
constante y eterna
cuya excepción
es el orgasmo perfecto,
mantengo una sonrisa
quebrada, austera.
Presa de una voz inalcanzable
que me acaricia
(el pezón de un seno descubierto)
sobrevivo al próximo segundo.
No me gustas cuando callas
porque estás ausente,
lejos, invisible
irreal a una vida imaginada
que sólo nos pertenece
en el futuro, que no es.
Y me vuelvo fuerte,
heróica,
al mirar una fotografía
que contra toda evidencia
es la prueba tangible,
la certeza absoluta.
Y me vuelvo invencible
acurrucada en el sofá
sussurándote canciones
que sé que algún día
sentirás.

jueves, 15 de enero de 2009

Ritorno a la città che cambia

Pues bien, escribo ya desde mi (nuevo) dormitorio en Téramo. Volví el domingo, después de un ajetreado viaje (todos lo son) y, para ser sinceros, sin demasiadas ganas. Pero todo se solucionó rápido: reencuentro con amigos, pizzas en Don Miguel, tardes interminables, calles vacías a las ocho de la tarde, las tiendas cerradas los jueves, el pan más malo del mundo... En difinitiva, todo lo que hace a esta ciudad un lugar inhabitable, pero que a la larga las echas en falta.

No he escrito nada porque, de momento, todo ha sido bastante tranquilo. A todos nos esperan los exámenes y debemos enfrentarnos con tres meses de no mover ni un solo dedo. Así que las tardes se limitan a pasarlas en compañía en la biblioteca, intentando aprender algo sobre el Derecho italiano de la comunicación o sobre las características de la radio.
Aunque eso sí, siempre se encuentra algún hueco para tomar una cerveza en buena compañía y para echar unas risas todos juntos. Como siempre.
Para que esta entrada no sea tan sosa, os dejo un poemita que escribí el otro día, después de un parón bastante largo en este género. Tengo un par más de ellos por ahí. Quizá los cuelgue en próximas actualizaciones...
No puedes decir que no,
no puedes llorarme a oscuras
en una habitación sin luz
porque no tienes el derecho
de electrocutar cada nervio,
de morder mi piel intacta
para romper, clavar y sangrar.
(Y dejar esa marca...
odiada en noches como ésta)
No tienes el derecho
a poseer esa sonrisa
y emplearla arbitrariamente
sin juez ni castigo
bloqueando mi salida de emergencia
sin percatarte siquiera
de que muero ahogada
en tu boca tan vivida.
Tú, pequeño axioma de la naturaleza,
te has adjudicado el derecho
a ser el final de mi destino,
a ser mi pensamiento
constante, contínuo, inequívoco.
Y yo, rea servil,
ante la pena de muerte,
sólo pido que seas mi verdugo.



Esto no necesita explicación... ni tres siglas absurdas. Ya te lo he dicho todo, de todas las formas posibles.

Te echo de menos :-)