El Blog

martes, 11 de agosto de 2009

De tirada nacional

El otro día me encontré en una curiosa encrucijada. Estaba intentando no olvidar del todo el italiano que aprendí en mi año teramano hablando con un chico del país de la bota cuando, sin saber muy bien cómo, empezamos a dialogar sobre periodismo (normalmente, a los que amamos esta profesión siempre, de una forma u otra, se nos suelen ir los temas de conversación por estas ramas, no hay forma de evitarlo).

Al principio fueron las preguntas típicas, qué año de carrera haces, aquí en Italia el mercado periodístico está fatal, esto no tiene salida... Pero al cabo de un tiempo me sorprendi tratando de explicarle de forma resumida de qué pie cojeaba cada cabecera. Y si ya es difícil hacerlo en nuestra lengua, imaginad en una que no se domina a la perfección.

Básicamente, éstas son las descripciones que hice:

-ABC: Un periódico de derechas, bastante monárquico, pero tiene que haber de todo. La información que publica es "objetiva" dentro de lo normal, el matiz estaría en qué es lo que publica.

- PÚBLICO: El más progresista de todos los de tirada nacional. Bastante situado a la izquierda, pero aún no es capaz de romper algunos tabúes. Muy buenos colaboradores, entre ellos el grande Ignacio Escolar, uno de mis periodistas favoritos.

- LA RAZÓN: Totalmente en descrédito, es el periódico con informaciones más sesgadas. En su patético afán de defender al PP ha olvidado el rigor periodístico y el compromiso ético con los lectores. Desde el 11M goza de mi más sincera antipatía.

Aún así, el momento estrella llegó cuando tuvimos que hablar de El País. Para mi interlocutor era una auténtica joyita: buena redacción, preocupación por asuntos internacionales, situado a la izquierda. "Sí, claro... es el periódico de referencia en España. Tiene los mejores periodistas, los mejores escritores... pero lo de que sea de izquierda, yo lo dudo" Sentencié. En Windows Live Messenger la ventanita parpadeaba sin cesar. Mis argumentos para defenderme fueron, principalmente, las informaciones manipuladas que el grupo Prisa estaba ofreciendo en los últimos tiempos de todo lo que ocurría en Latinoamérica. Los movimientos sociales no eran del agrado de este grupo editorial, puesto que al otro lado del charco disponía de muchos intereses en juego que le estaban siendo arrebatados por "el nuevo socialismo". Además, su posicionamiento ferviente con la izquierda oficial le hacía incapaz de criticar muchas actuaciones del gobierno.

Al final de todo, creo que no fui capaz de convencerlo demasiado. Aunque claro, ¿cómo se convence a una persona que está acostumbrada a tener unos medios de comunicación en manos del estado, egocéntricos y dónde decir algo en contra del Vaticano supone un verdadero sacrilegio, de que El País se sitúa más en el centro moderado que en la izquierda real?

Y para los que tampoco estén convencidos, les dejo un interesante enlace:
http://www.rebelion.org/docs/89802.pdf


¡Salud!

jueves, 23 de julio de 2009

La odiosa vida de una becaria


Cuando me decidí a estudiar periodismo, diversas concepciones acerca de la profesión confluían en mí. Contar historias, hablar con la gente, conocer sus problemas, sus anhelos, sus ilusiones. Poder vivir de lo que mejor se me daba, que era la escritura. Pero sobre todo, quería ser una justiciera... una especie de superwoman que rompiese las barreras que creaba el sistema, que diese voz a los que no la tenían, que se preocupase por aquellos que permanecían olvidados, explotados, maltratados. ¿Entienden ahora lo de frustrada?

Es cierto que, a diferencia de otros compañeros, la carrera me gusta. Sé que no he aprendido casi nada de la parte práctica, pero soy de las que piensan que lo más importante es la formación, el bagaje cultural que adquieras, la capacidad crítica con la que después de cinco años abandonas la Universidad. El funcionamiento del QuarkXPress, del Photoshop o del Final Cut se aprende posteriormente, en apenas la primera semana de curro. Pero claro, el mercado laboral no opina lo mismo que yo. A las empresas se la suda, literalmente, que me haya leído toda la obra periodística de García Marquez, que sea capaz de diferenciar la teoría de Marx de la de Trostky, el leninismo del stalinismo, que sepa cuándo el PSOE hace la misma estratagema que el PP pero con la sigla O (que por ser Obrero se le perdonan muchas cosas...). A nadie le interesa que sepa la cronología del conflicto palestino, o cómo la socialdemocracia perdió todo su poder en Alemania. Lo que realmente importa a los señores de la industria de la comunicación es tu experiencia laboral. Si no has trabajado en ningún medio al acabar la carrera, la llevas jodida. Por este motivo, en mi currículum se reflejan diversas colaboraciones con la plantilla de algunos periódicos (la radio y la televisión las tengo un poco olvidadas).

Se preguntarán mis fieles (aunque cada vez menos, que ya lo dicen las estadísticas del Google Analytics) lectores a qué viene todo este sermón. La razón es sencilla: esta semana he empezado como becaria en la radio-televisión local de mi municipio. El problema es que... creo que mi "jefe" no tiene muy claro que estoy a un año de ser licenciada en Periodismo.

Primer día, lunes. Me encarga la tarea de diseñar la página web del futuro periódico digital, a través de un gestor de contenidos que no había utilizado en mi vida y con un ordenador cuyo sistema operativo era el Windows 98 (olvídense de Photoshop, Paint y van que chuta)... ¿Cómo? ¿Y nadie va a explicarme nada? Pues lamento comunicarle, señor, que lo he intentado, pero no tengo ni idea de diseño informático... aunque si se crea un blogspot me las arreglo a las mil maravillas.

Segundo día, martes. Trágate un vídeo del PSOE de dos horas de duración sobre una ponencia que dieron los concejales del ayuntamiento analizando la trayectoria en el presente mandato. Después analizas los fallos de contenido que hayan podido tener... para mejorarlo en próximas charlas... Claro, como no, ahora soy también asesora política. Lástima que todos los errores de contenido que yo he visto se la traigan floja.

Tercer día, miércoles. Con el paso a la TDT vamos a renovar la programación. Tenemos cinco programas, pero céntrate en este, de tertulias. Busca un diseño para el plató, y haz un proyecto para presentarlo. Yo me voy en lo que queda de día, tú ve trabajando en eso. Y yo, en una hora, había terminado mi trabajo de decoradora en interiores, y como no tenía jefe... me dediqué a NADA.

Cuarto día, jueves. ¡Ah, que ya acabaste! Pues nada, haz lo mismo para los otros cuatro programas... aunque dos de ellos, como ya se emitían con anterioridad, tienen planteado el contenido. Sólo tendrías que modificar un poco el decorado... así que visiona Vivencias con Paquita (1:00 hora de duración) y a ver qué se te ocurre. Y ante mi pregunta de si podía decirme la franja horaria en la que se emitirían estos programas (por eso de saber a qué target va dirigido y tal), el señor director de la cadena me dice que eso no tiene importancia, que para qué quiero saberlo...

Así que nada, hoy he llamado a otro de los jefes (con el que firmé el acuerdo, pero que no trabaja allí) para decirle que dónde estaban mis labores de redacción, de locución, dónde la producción de un informativo, la búsqueda de noticias.

Veamos en qué acaba todo esto... aunque eso sí, yo tendré una línea en más en mi currículum, en el apartado de "experiencia laboral". Por desgracia, parece ser que eso es lo que importa.

sábado, 11 de julio de 2009

Relato

Eluney había nacido en la época y el lugar incorrectos. Los gritos de parto de su madre no fueron sofocados por ninguna comadrona de ningún hospital, y sólo pudieron ser acallados cuando la escasez de oxigeno en la sala comenzó a ser acuciante y la buena mujer entendió que o bien sacaba a aquel monstruo menudo de sus entrañas, o bien moría al segundo siguiente. Decidida a continuar pegándole puñetazos a la vida, cogió a la niña entre sus manos y le quitó los trozos de placenta de la cara. El padre se había mantenido al margen de todo el espectáculo, observando ensimismado desde la esquina de la habitación, recordando quizá aquellas tardes mágicas de hace más de un cuarto de siglo en el que iba de la mano con su abuelo a visitar las bizarras y mágicas actuaciones del circo de su pueblo. Ni un gesto de emoción se pudo leer en la cara de sus progenitores, que sólo podían pensar qué darle de comer a esa boca llorona cuando la leche materna no fuera ya suficiente.

A decir verdad, en otro tiempo el alimento no habría sido problema para los habitantes de la isla. Las aguas del lago estaban repletas de carachis enanos y de umantos, pero la actividad descontrolada de la pesca había provocado la extinción de estos últimos y la casi inexistencia de los otros. Ahora, los hombres tenían que pasar hasta quince horas en sus pequeñas barcas, lanzando las redes una y otra vez para poder conseguir algunos kilos de pescado: una parte para el comercio y lo mínimo para el sustento familiar. El gobierno había tenido la intención de solucionar el problema, y para hacerlo trajo desde otras zonas del continente nuevas especies que acabaron por establecerse sin mayores dificultades. Tan bien se adaptaron a su nuevo hábitat que acabaron por expulsar a los pocos carachis que quedaban. Ante el inminente peligro de la desaparición, el Gobernador inauguró unos juegos de pesca a los que fueron llamados los más ilustres personajes del país y de las naciones vecinas. Se realizó un torneo durante tres días y tres noches, con un claro vencedor que había capturado más de 70 kilos de truchas. Pero también había un claro perdedor. Los habitantes de la isla, entre ellos el padre de Eluney, vieron como su ecosistema quedaba reducido a pedazos y pisoteado por las impolutas botas de los señores acaudalados que navegaban en yates y barcas a motor. Empezaron entonces las relaciones con otras especies del reino animal: las calles sin asfalto del pequeño poblado se llenaron de vacas y ovejas. Aquellos que habían vivido del mar, y que no conocían otro lenguaje que el de las sirenas, se vieron obligados a aprender el idioma de los mugidos y el balar, con sus correspondientes fallos gramaticales y carencias léxicas.



Continuará...



miércoles, 8 de julio de 2009

Regreso

Es dificil sentarse a escribir aquí cuando tantos cambios han ocurrido en tan poco tiempo. En primer lugar, va siendo hora de cambiar la cabecera de este blog. Lo de periodista frustrada y de erasmus debe darse por finalizado, acabando también, de este modo, el motivo por el que empecé a escribir estas entradas, el de relatar un poco todas las percepciones y situaciones que se iban sucediendo en mi persona desde aquél pueblecito abruzzesse. Ya nada más desde Teramo, nada más desde Italia.

El fin de esta etapa ha sido algo más duro que los demás finales a los que ya estoy bastante acostumbrada. Puse un punto y final a Jerez, a Sevilla, un punto y a parte a Canarias... Aún así, sin duda, la del pasado día 22 fue una de las despedidas más tristes. Allí me iba cargada de maletas, cargada de kilos, pero con el alma casi vacía. Me monté en ese autobús de Arpa que me llevaba a Roma mientras por la ventanilla veía a mis catorce o quince niños, los catorce o quince con los que he compartido risas, borracheras, alegrías, tristezas, preocupaciones y quizá alguna que otra horita de estudio. Faltaban algunos, pero a ellos aún le quedaba algo de vida Erasmus y estaban de viaje. De todas formas, también los recordé. Me decían adiós con la mano, y yo sólo podía pensar en cuándo volvería a verlos, sobre todo cuando podríamos volver a estar todos juntos. Tarea complicada. Llegué a Roma y allí más llantos. Paseaba por sus callecitas, por sus iglesias imponentes, me senté media hora delante del Panteón (que para el que aún no lo sepa, es mi lugar favorito de la ciudad, aunque esté lleno de turistas), saqué fotos, me deleité con Piazza Navona, viendo a sus dibujantes hacer retratos. Y me di el gusto de comerme mi último cornetto di Nutella, y la última pizza al taglio. Roma... ciudad eterna.

La llegada a las islas, por suerte, calmó un poco la ansiedad que me había producido la despedida de Italia. Al bajar del avión, después de las siete horas de esperar en Barajas, sentí la humedad del mar, el olor a sal que se cuela por las rendijas del pasillo que nos lleva a las cintas transportadoras. Aún era de día, pero los rayos de la luna empezaban a reflejarse en el cielo un poco cubierto de nubes. Saludos a papá y nos vamos en el coche a casa. Allí, mi madre y Álvaro, cansados después de un duro día, me saludan. (A decir verdad, Álvaro estaba durmiendo, pues hacía poco que había llegado de Aquapark y su cuerpecito en pleno desarrollo no aguantó tanto como para esperarme despierto). Lo besó y pienso que cada vez está más grande, que pronto superará mi metro y cincuenta y ocho centímetros. Cena rápida y oigo el cláxon. Me asomo. Es él. Bajo las escaleras y me lo encuentro afuera, esperando el abrazo que llevábamos postergando dos meses. Es él. Por fin, es él. Nos actualizamos rápidamente, aunque a decir verdad sabemos todo de nuestras vidas gracias a los quince o veinte minutos de conversación que tenemos a diario. Es la noche de San Juan, y yo estoy de regreso, y él ha acabado sus exámenes. La Playa de las Canteras está llena de gente, entre los que se encuentran viejos conocidos. Más abrazos. Estoy contenta de encontrarme aquí, de beber un poco de Arehucas, de sentirme en casa, al menos en una de ellas.

Los días siguientes han transcurrido con normalidad. Moreno dorado gracias al sol de mis canarias, peleas de hermanos que acaban con la certeza de que este renacuajo es todo para mí, viaje a Lanzarote, besos y más besos con él. Eso sí, no hay día en el que no piense en Teramo, en mi città che cambia, en que allí todavía están algunos de los que han sido mi familia este año. Saldrán a las mismas discotecas a las que yo iba, pasearán por el Corso (ya sabemos, corso arriba, corso abajo...), verán a los locos, comerán pizza de Mario.

Mientras tanto, yo me consuelo pensando que a todos les llegará el momento de decir adiós. Y me alegro imaginando un bonito reencuentro dentro de poco en alguna ciudad de la geografía española.

jueves, 18 de junio de 2009

Un día en un sueño soñando soñé



*Recomendación: pulsar play antes de comenzar a leer.


Hoy he soñado con un mundo en el que las cosas son bastante diferentes a lo que en Europa estamos acostumbrados. En este mundo peculiar no existe la Estrella Polar, sino la Cruz del Sur, y es con ella con la que los viajeros tienen que guiarse, aunque si te alejas un poco de las grandes urbes tienes la posibilidad de ver la Vía Láctea y pensar que para qué sirven las guías si el universo es tan grande, tan infinito... Debajo de esa línea circular te sientes más hombre, más simple, más nada. Los amaneceres se llenan de magia e ilusión, y son los más bonitos de todo el mundo. Aquí, en pleno agosto, tienes que ponerte guantes y bufanda, porque hace un frío que se te cuela por cualquier rendija y te congela hasta el cromosoma más oculto de tu ADN, y mientras nosotros dormimos, sus habitantes acaban de salir del trabajo, o comienzan a preparar la cena o hacen el amor (aunque para esto, cualquier hora es buena).













Soñé también con los niños perdidos, aunque estos viven sin ningún Peter Pan que los saque de Nunca Jamás. Eso sí, hay millones de Garfios dispuestos a arrebatarles todo lo que tienen. Pero en sus ojos se ve la valentía propia de quien cree en la inocencia y en la bondad. Están esperando que llegue alguna Wendy que les enseñe las cosas básicas para sobrevivir en un mundo lleno de tiburones, y la andan buscando como locos. Si perciben el más mínimo gesto que les delate que es ella, se arrojan a sus brazos sin contemplaciones. Allí, los colegios no existen, o no son iguales que los nuestros. Los libros de historia enseñan cosas muy diferentes, aunque igual de ciertas.




En este mundo, quieren a su presidente, aunque muchos se empeñen en hacer pensar lo contrario. Las ideas siguen siendo parte del ser humano, y no se venden ante la primera moneda de cambio. Se sienten parte de una identidad y de una cultura, y, sobre todo, son conscientes de que el rumbo que se ha seguido hasta ahora no es el más correcto.





La naturaleza cobra la importancia que ha perdido a lo largo del desarrollo humano, y, al igual que bajo la Vía Láctea, vuelves a sentirte en perfecta sintonía con lo que te rodea. Sin mentiras ni miedos, te percatas de lo verdaderamente importante y te planteas qué sentido tiene todo lo que has hecho hasta ahora. Las picaduras de serpiente ya no duelen tanto, y los aligator se dejan ver en las noches oscuras, mostrándote sus ojos brillantes. En el río, te dejas flotar y piensas que sólo falta alguna Pocahontas que aparezca por entre los matorrales.




También ocurre que las realidades se transforman y ya no sabes qué es moderno ni viejo, qué está bien o mal, quién eres tú para dar lecciones o para que te las den. Piensas en la importancia de las tradiciones, en por qué eres cómo eres, por qué piensas como piensas. Vidas en unas islas flotantes, comedores colectivos, fotógrafos sin nada que fotografiar. Y te das cuenta de que todo aquello ya existía desde mucho antes de tu llegada, y de la de él, de la nuestra. Que son más ricos que nosotros, que no nos necesitan.








Hoy he soñado con un mundo en el que las cosas no son como piensas. He soñado con todo aquello que está al otro lado, más allá, lo que no somos capaces de ver ni sentir ni tocar. Hoy he soñado tan intesamente que parecía que fuese real...


...hoy me muero por volver...








PD1: Esta es una pequeña crónica de mi viaje de mes y medio por Latinoamérica... nunca hablé de ello aquí.

PD2: He acabado mis exámenes en Teramo. 9 asignaturas aprobadas, y de vuelta para casa. El lunes se acabará esta bonita etapa.

martes, 16 de junio de 2009

¿Qué tal si lo dejamos para otro momento?

Por favor, que acaben ya... ¿Alguien ha pensado alguna vez en lo tortuoso que es leer un libro de Habermas en italiano? ¿Alguien sabe lo que es hacerlo en tu última semana de Erasmus?

Definitivamente voy a acabar un poco loca. Quizá entonces los lectores de mi blog aumenten. Dicen por ahí que a la gente le interesa más cotillear las vidas que no son perfectas. Con tintes suicidas, psicóticos... un poco en la línea de Onetti. Sí, definitivamente, voy a acabar loca.

jueves, 11 de junio de 2009

Noche de un mes de junio

La intención primaria era estudiar. Sí, cierto, este es el motivo por el que esta noche no he salido y me he quedado en casa. En el escritorio, un ordenador, unos altavoces, la lámpara, una botella de agua, mi Nikon D60 y un gran fajo de apuntes (Habermas, G. Grossi, otro que no recuerdo...) Pero como decía Ismael Serrano "la noche debilita los corazones", y el mío lleva ya un tiempo debilitado.

He pasado toda mi vida durmiendo en camas distintas. No conozco la sensación de sentirse arraigado a un lugar, a una tierra, de echar tanto de menos a tu gente como para que no se te pase por la cabeza vivir en otra ciudad. He cogido más aviones que años tengo. Algunos interminables, como aquel que me dejó en Santiago de Chile un 5 de julio del año pasado. Otros, más cortos y familiares, como el de Sevilla-Gran Canaria. También los hubo ocasionales y esporádicos, como el de Pescara-Frankfurt.

Lo peor de todo esto es que en cada rincón de este mundo se quedaba alguien esperando, alguien al que llegaste a querer, con quien compartiste algún secreto. Y resulta que nunca más volviste a hablar con esa persona, ha quedado guardada en tu cerebro como un cromo amarillento de las estampitas que coleccionaba tu papá. A veces, tienen nombre (e incluso apellidos), otras son sólo un vago recuerdo de rasgos fasciales u otros detalles como la voz, el olor. Su risa. Quién sabe...

En las noches de un mes de junio, en la que sientes que el tiempo se te escapa entre los dedos de manera irreversible, empiezas a acordarte de aquellos amigos a los que te gustaría tener ahora a tu lado para, simplemente, darles un abrazo y preguntarles "¿qué tal, como va todo?". Son esas noches en las que piensas que dentro de uno o dos años, en otro mes de junio, recordarás a los que hoy están contigo y los sentirás lejanos. Lejanos y ajenos. Pero formando parte de la persona que has llegado a ser. Sientes pena entonces por no poder arrancarte un pedacito de corazón y entregarlo como amuleto, como una prueba real y tangible de que estarás ahí por más que pasen los días y las lunas y los soles y las mil constalaciones que deban de pasar.

Lo mejor de todo: cuando un día, sin previo aviso, aparece el reencuentro y te das cuenta de que ellos han pensando tanto en tí como tú lo has hecho, el tiempo desaparece y puedes volver a brindar con una cerveza en la mano por todos los años que quedan por delante.


Esta entrada de hoy está influenciada por la conversación mantenida a través del messenger con Carmen, que está bebiendo terremotos y piscos en Santiago de Chile, y a la que echo mucho de menos. Sólo quería darle las gracias por haber contribuído a que tenga tan buenos recuerdos de Sevilla, la ciudad que siempre será mi ciudad... ¡¡Nos vemos en septiembre, weona!!

lunes, 8 de junio de 2009

Una periodista más frustrada que nunca

Vale que como periodista que pretendo ser, hoy debería escribir un análisis más o menos detallado sobre la jornada de ayer. Pero no olvidemos que me catalogo entre los "periodistas frustrados". Y, sinceramente, me cuesta cada vez más trabajo entender qué es lo que ha hecho la derecha y los neoliberales por la mayor parte de la población (sí, esa que son trabajadores, que están en paro, que son mileuristas, la de los estudiantes que no quieren a Bolonia, la de los enfermos que no tienen hospitales... esa población) para que se vean recompensados de este modo.

En Italia, un presidente despótico, machista, de ultra-derecha, bufón, mujeriego, pedófilo, arrogante y poseedor de la mitad de los medios de comunicación del país, ha ganado. Y la Lega Nord obtiene un 10% de los votos. En España, las comunidades de Madrid y Comunidad Valenciana dan todo su apoyo a un PP corrupto, lleno de Aguirres y de Camps. Y no he querido seguir investigando sobre el resto de Europa, que con esto ya me llega...

Lanzo un aviso nada impulsivo: Evo Morales tiene toda mi simpatía. Y en Bolivia seguro que hacen falta periodistas que defiendan su causa.

martes, 2 de junio de 2009

Hay días

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca,
voy dibujándola como si saliera de mi mano,
como si por primera vez tu boca se entreabriera,
y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar,
hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige
y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas,
con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara,
y que por un azar que no busco comprender
coincide exactamente con tu boca que sonríe
por debajo de la que mi mano te dibuja.

-Rayuela, Julio Cortazar-


Hay días en los que me sorprendo mirando la lluvia a través del cristal, para un segundo después decubrir que no miro la lluvia, que me miro a mí, a mis ojos petrificados en ese vidrio transparente, buscando incesantemente en mi interior, revolviendo toda la porquería y la morralla que se guarda a veces en la despensa, esa pequeña que tengo en la segunda arteria a la izquierda. Igual que cuando limpias el trastero de tu casa, las manos acaban llenas de polvo y suciedad. Entonces, necesitas un baño para sentirte bien.

Hay días en los que por más que me empeñe, no dejo de escuchar a Sabina y a Silvio y a Calamaro, que me vuelve loca con sus vos y sus dejes de argentino cabrón, ya sabés, te invito a un poco de mate y a pasear, solo si vos querés, y que me llevan a Cortazar y a ser la Maga de algún Oliveira, tratando de pasear por las calles de algún París inventado (pues aún nunca lo visité), por las rúas y las avenidas y los parques con paragüas perdidos.

Hay días en los que también juego a ser la directora de algún film, y proyecto sobre los huecos libres de mi pared las imágenes casi difusas de un mes en Latinoamérica, más reales ahora que las veo sobre esta pantalla. Sin quererlo aparecen Óscar, y Araceli, y todos los demás, con él jugando a llevarlo en avioneta, jugando a hacerlo sonreir. Incluso él podría haberse dedicado a esto, imaginando mundos de ficción, haciéndoles creer que eran más felices.

Hay días en los que, de golpe, me doy cuenta de que han pasado nueve meses de mi vida y que todo se acaba, que no habrá más pizzas al taglio, ni gellati, ni cappuccini, ni Corso, ni Duomo. Claro que tampoco habrá Martas, Carlos, Pacos, Cristinas ni Upes. Comienza la cuenta atrás: ya vamos por 20. Cuando lleguemos al 0, será el momento de decir adiós, o decir hola, o quedarse callado. Cuando lleguemos al 0, vendrán los días de piel dorándose al sol, bañada por gotas saladas, llegará Canarias, y Barcelona, y quién sabe si Londres. Cuando lleguemos a 0, sobre todo, estará él, al que sobornaré para que me lea Rayuela mientras me derrito sobre su cama, al que chantajearé para que, ahora sí, sea mi Oliveira.

Hay días en los que puedo desnudarme y colocarme delante del espejo, sin miedos ni complejos de adolescente. Puedo tocarme. Y puedo reconocerme.

Hay días en los que, simplemente, me alegro de ser yo.

jueves, 28 de mayo de 2009

Roma


Dolorosamente perfecta. Perfectamente irreal. Ninguna descripción creo que pueda hacer justicia a la inmensidad de esta capital única entre las capitales. Ya hablé de ella en una ocasión, pero tengo la vaga sensación de que no fue suficiente. Quizá no la conocía tanto, quizá aún no era consciente de que me había enamorado.

He paseado por sus calles con diversas compañías: familiares, amigos y pareja. Roma siempre ofrece una alternativa, un callejón distinto para cada ocasión. Me he besado frente a la Fontana di Trevi, he metido los pies en varias fuentes en pleno Mayo, he visitado catacumbas junto a la inocencia de un niño. Y además, las sorpresas. Nunca acabarás de conocer la ciudad, nunca visitarás todas sus iglesias ni accederás a todos sus parques ni beberás agua en todas sus fuentes ni dormirás en todos sus hostales. De repente, casi sin quererlo, te conviertes en una Agripina, ves a Césares y Brutus y coronas de laureles, imaginas una ciudad vibrando ante la inminencia de unos juegos en el Coliseo. Los leones y los gladiadores. Pero ya estamos mil setecientos años más adelante, y un fabuloso Miguel Ángel estudia los diseños para el Campidoglio, y a la vez realiza esculturas para el Papa Julio II, y una cúpula espléndida para la Iglesia Católica... Bernini trabaja en las pequeños refugios de fé, y otros cientos de artistas colorean la ciudad con obras impensables.


Viajo a Roma tratando de encontrar historia, de encontrar pasión. Al final, sin proponérmelo, acabo encontrándome a mi misma, en una explosión de sinceridad que no podré sentir en ningún otro lugar.

La ciudad está a mis pies y el ocaso a punto de llegar.