El Blog

lunes, 1 de marzo de 2010

Visiones sobre el amor

—En efecto; se me antoja que debe de ser imposible conocer a aquella mujer con quien se convive y que acaba por formar parte nuestra. ¿No has oído aquello que decía uno de nuestros más grandes poetas, Campoamor?

—No; ¿qué es ello?

—Pues decía que cuando uno se casa, si lo hace enamorado de veras, al principio no puede tocar el cuerpo de su mujer sin emberrenchinarse y encenderse en deseo carnal, pero que pasa tiempo, se acostumbra, y llega un día en que lo mismo le es tocar con la mano al muslo desnudo de su mujer que al propio muslo suyo, pero también entonces, si tuvieran que cortarle a su mujer el muslo le dolería comosi le cortasen el propio.

Niebla, Miguel de Unamuno


Martin Hache, Adolfo Aristaráin





Dos joyas, una literaria y otra cinematográfica. ¿Nos casamos o nos follamos a las mentes?

domingo, 7 de febrero de 2010

Take out

Fin de exámenes. Último primer semestre de esta carrera. Llega febrero. Fiesta y alcohol. Amigos. Guitar Hero en la Play3. Alguna copa de más. (Te echo de menos). Vómitos. Comida. Comida. Vómitos. (Te quiero). Dormir hasta no muy tarde. Sábado autocontemplativo. Resaca. (Necesito mimar). Sol de invierno. Días cálidos y serenos. Casa enclaustrante. Salir. Disfrutar. (Por qué no estás aquí...). Paseos. Caminatas por el campo. Castillos catalanes. Cerveza. Risas. (Rinconcito de amargura). Horas al teléfono. Ojos cansados. Agujero en el calcetín y zapatos deshilachados. (Parece que no entiendes...). Teterías. Capuccinos. Calles del gótico. Fotos a color. Pueblo Español. (Y Canarias que no está). Planes en la agenda. Depilación. Ponerme guapa (para ti).


Que poco a poco van pasando los días. Y miro el almanaque y hoy hace dos años y siete meses desde aquel entonces. Vidas autónomas e independientes que se cruzaron de golpe para no volver a ser nunca lo que fueron. La fantasía de un juego que se volvió realidad con el devenir de las horas y lo inexcrutable de las emociones. Fuera de control. Take out. Y mi vida, dentro de su cordura y de su saber estar, se debate entre un abismo de emociones poco racionales que poco tienen que ver con esta imagen que represento de cara al exterior. Me asusto, me descubro. Alguien dijo que ya nadie comete locuras por amor... Sabina decía 'y cada vez más tú, y cada vez más yo, sin rastro de nosotros'. Yo cambiaría el orden de los pronombres.





Ojalá pudieras callarme, 'como tan solo tú sabes'

lunes, 25 de enero de 2010

Declaración de amor

Echo de menos el periodismo, la redacción, los teletipos, los titulares, las entradillas, los destacados, los 3x4, los filetes y los corondeles. Estar en Italia me privó de la formación práctica (y casi académica). Estar en Barcelona me cierra puertas para poder trabajar en un medio (no parlo català), aunque sea en prácticas.

Mientras tanto, leo los blogs de otros compañeros que cogen metros para llegar a la rueda de prensa, que disfrutan en el estudio de radio, que sienten ese cosquilleo que entra en la barriga cuando ves tu nombre en letra de imprenta sobre el papel reciclado.

Y siento envidia. Quiero escribir.

jueves, 14 de enero de 2010

Rutinas y fruterías

Imposible permanecer eternamente en la burbuja tropical de la autocontemplación, en las tardes de sol y playa en pleno diciembre en las que el sol se tumba a descansar en todas las fachadas de colores, en los besos y caricias que siempre acaban siendo nuevos, que nunca terminan de conocerse. Barcelona me recibe suplicante, con unos gritos de tristeza que se reflejan en su cielo oscuro, encapotado de nubes que vienen de más allá de Siberia. Y reflejados también en las caras de esos transeúntes del metro, tan acongojados y deprimidos que asusta imaginar qué habrá detrás de sus corazones. Hago muecas y guiños y burlas a un pequeño de apenas tres años. Permanece impasible.

La llegada a la ciudad supone la reanudación de una rutina que, a ratitos, empezaba a echar de menos. Llenar la nevera, coger el cercanías, no funciona el Bicing, pero qué frío, no sé qué cenar, ¿una cerveza?, mirar la agenda cultural gratuita. Pero las obligaciones apremian en este mes de enero, el tiempo no sobra por ningún lado y las horas de ocio deberán posponerse para ocasiones mejores.

Me despierto temprano, limpio el baño, desayuno, leo el periódico... y me dirijo a comprar fruta. Las fruterías en Barcelona, al menos en la zona donde resido, son abundantes y suelen poner grandes ofertas con tal de hacer la competencia al establecimiento vecino. Después de haber probado varias en los tres meses que llevo aquí me decanto, casi siempre, por una regentada por pakistaníes. Son chicos simpáticos, educados. Rara vez me gasto más de cuatro euros y, además, todo está riquísimo. Y allí estaba yo a las once de la mañana, dispuesta a coger algunos kiwis y una lechuga, cuando una señora mayor (digamos de unos 65 o 70 años), intentando pasar desapercibida, se mete en el bolso una piña de plátanos para acto seguido salir disparada calle abajo. Pero como el ladrón rara vez sale inmune (hablo de ladrones pequeños, porque tema aparte son esos grandes magnates y empresarios, especuladores o políticos), un grito de atención la obligó a pararse en seco. Avergonzada, la señora devolvió la fruta a su dueño y, sin decir ni una palabra, se marchó del lugar.

Este incidente que para muchos habría carecido de importancia hace que yo, por el contrario, me llene la cabeza de preguntas. ¿Qué motivó a una anciana a robar? Respuestas varias: cleptomanía, aburrimiento, inconsciencia, falta de recursos. ¿Qué habría ocurrido si se hubiesen invertido los papeles de los actores? Racismo, gritos, insultos, murmullos y prejuicios. Y mientras tanto, todo sigue su tranquilo discurrir. Termino de comprar, regreso a casa y escribo todo esto. El alcalde de Vic, por su parte, colabora con la causa negándose a empadronar a ningún inmigrante "sin papeles".

viernes, 1 de enero de 2010

Un final muy temido

Entre risas y jugo de uva resbalando por las comisuras de los labios despedimos el año. Ni siquiera buscándole las más pequeñas mi hermano había conseguido comerse los doce meses y no pudo aguantar los ataques de risa que provoca el imaginarte con la boca llena de esa fruta redonda que, en ese día, dicen que decidirá tu futuro en los próximos 365 soles.

Se acabó el 2009 y con él se me vienen a la cabeza momentos especiales y únicos del que, posiblemente, haya sido uno de los mejores que mi corta vida ha experimentado. Año de viajes, de encuentros y despedidas, de confesiones a media luz, de ciudades enormes y de pueblos diminutos, de bicicletas y metros, de besos y caricias, de casas con estilo y casas destrozadas. Año de terremotos, de exámenes, de universidades, de proyectos, de madurez y de tolerancia. De lecturas complejas, de Calvino (perche non è possibile dimenticare nulla di questo, e ricordo e la mia anima è distrutta in un paio di secondi) y Casal (no puc veure la meva patria, la meva terra, allunyada dels seus habitants, i els nens pels carrers no tenen res per menjar).

Y ahora, cumpliendo el firme mandato para el que fue creado, el tiempo continúa impasible su paso hacia adelante, sin darme la tregua que voy necesitando. Porque a diferencia de otras ocasiones, se acaba una etapa de la que no quiero desprenderme, una etapa en la que sobre todo he crecido como persona para reafirmarme en lo que soy y en lo que creo. Ser licenciada me llena de alegría, pero también de miedo, miedo a no ser capaz de desenvolverme en el campo del que se supone que soy profesional, miedo a ser mayor, a entrar en ese mundo de los adultos, del trabajar para vivir, a no llegar a fin de mes, a traicionarme por un puñado de euros. Qué gran peligro el del periodismo... En estos cinco años me he topado con profesores incompetentes, con docentes que manchan su nombre, que lo ven como un medio para manipular y obtener beneficios, casi sin darse cuenta de que para muchos entrar en esta carrera no ha sido ni siquiera una elección, sino un instinto vital, la única salida que hemos visto para contribuir, en la medida de nuestras limitadas posibilidades, a hacer de este mundo un lugar un poquito mejor. De contar, gritar, escupir verdades y hacer que se tome conciencia de las cosas olvidadas, y que las cosas olvidadas encuentren un hueco en las memorias del futuro.

2010, año de decisiones, de graduaciones, de orlas y de viajes de fin de carrera. Junio está a punto de llegar, y yo, una vez más, abandonaré mi actual hogar en Barcelona, me olvidaré de sus atajos, de su barrio gótico, de sus carrers.

Pero, ¿a dónde debo ir a parar en esta ocasión?

martes, 8 de diciembre de 2009

Relaciones inesperadas

Los sentimientos son una cosa extraña, intangibles, incorpóreos, insospechados, indomables... pero a pesar de todo están ahí, los sientes, te duelen, te hacen cosquillas, te rascan la barriga antes de ir a dormir. Y también, sin previo aviso, pueden cambiar. Como toda buena historia de amor.

Creo que hoy he empezado a querer a Barcelona, a esta ciudad tan universal, tan cosmopolita, tan vacía y desamparada. En dos meses me he perdido entre cruces de avingudas y carrers, he bebido en algún que otro bar, he asumido el papel de turista y el de guía para turistas, he retratado el movimiento a través de mi objetivo, me he convertido en una víctima más para el estrés, he aprendido que el cambio de línea en Passeig de Gracia es desalentador y que El Raval por la noche no es aconsejable.

Pero es hoy, no sé muy bien porqué, cuando advierto que entre transeunte y transeunte, entre codazo y codazo, hay dos manos que se rozan y se agarran, hay historias que sólo podrían ser posibles aquí. Dos chicas se besan en el metro, son de Andalucía e imagino que vienen a Barcelona a besarse en todas las estaciones de la ciudad sin ningún pudor, delante de revisores y de señoras con abrigos de visón. Un japonés pasea a su bebé en el carrito, y de repente dirige una sonrisa cómplice a la mujer que está sentada a mi lado, occidental con la que posiblemente comparta más que unos labios. Hoy, advierto que la amabilidad se había disfrazado de prisa sólo por juguetear, que el civismo impera y que aquí jamás podré aburrirme.

Es en un día de diciembre cuando me percato de esta temperatura cálida que mi piel y mis huesos agradecen y saben valorar, acostumbrados a soles subtropicales y vientos de azahar; cuando me refugio en el espacio inmenso de la mar, que me tranquiliza, me mima y me mece y deja a mis espaldas el alboroto y el bullicio. Beber una taza de té caliente mientras en mis dedos se cuela la arena, granos que se adhieren a mi piel igual que antes se adhirieron a otras pieles, y observar la línea horizontal tras la que sé que espera el país que también me acogió hace unos meses.

Hoy puedo decir que empiezo a ser un poquito feliz con esta ciudad. Esta bien, acepto una segunda cita.

martes, 1 de diciembre de 2009

En obras

Pues eso, que estamos en obras... así que disculpadme los posibles fallos que esto de en unos días. Espero dejarlo listo antes del fin de semana. ¡Saludos!

domingo, 22 de noviembre de 2009

Nula explicación



Apareces disfrazado de sonrisa

en el sueño que va

del café a la mesilla de noche.

Pinchas y arañas tanto

como los tragos de whisky

que desayunan los borrachos

cuando no tienen nada más

que llevarse a la boca.

Y me empapas el cuerpo

con sudor de melancolía

gestado en un útero vacío

que jamás conoció

el sabor del semen.

Estremeces y conmueves

como la lluvia del invierno

cuando moja la ropa

de los vagabundos

que se quedaron sin hogar.

Ahuyentas la costumbre

de amar pasivamente

en tardes otoñales

de frío tras el cristal,

transpolando los sentidos

que van desde la cama

a los gritos del orgasmo

en el cuarto de estar.

Tu risa encierra el misterio

de las cosas que todavía

no tienen explicación

y atormentan al intelecto

buscando porqués inexistentes.

Te paseas desnudo

delante de mi

y corroboro que la felicidad

no entiende de motivos.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Crónica de un futuro anunciado

Entre idas y venidas se desarrollaba su camino, un camino que aún no estaba señalado y que requería de unas importantes dotes de improvisación. Eran muchas las horas que habían transcurrido en salas de embarque de diferentes aeropuertos: Dublín, Madrid, Barcelona, Roma, Santiago de Chile, Frankfurt, Sevilla... ¡Y después de todo se seguía viendo tan niña! Apenas podía creer que casi no quedasen trozos de aquella infancia de la que tan buenos recuerdos poseía.

Las tardes en casa de su abuela desaparecieron de un golpe el día que falleció. El maldito cáncer había consumido todos sus huesos y la vida no había dado más de sí. No hubo más comidas familiares, con la gran fuente de pescado frito en el centro de la mesa. No hubo más noches viendo la tele (ir a dormir allí era toda una aventura. La abuela, haciendo caso omiso a los intentos agnósticos de sus padres, se sentaba a su lado y le hacía repetir unas frases dedicadas a unos angelitos. A ella le hacía gracia, a fin de cuentas se sentía más segura al pensar que era verdad eso de que irían a protegerla, uno a cada esquina del colchón). El último recuerdo que tenía de la abuela era de una tarde en el mes de Junio. Se habían reencontrado después de unos seis meses sin verse y habían almorzado puchero con pringá, el plato favorito de su nieta.

Desapareció la celebración de Reyes en el río. El frío era importante en aquellos días de enero, pero no importaba. Eran siete, ocho primos que se reunían para compartir los juguetes que Baltasar había dejado, aunque eso era sólo la excusa. Lo importante para ella era que volvía al pueblo, a ese pueblo en el que toda su familia vivía y que visitaba de vez en cuando. Era gratificante el olor a barbacoa, el crujir de las ramas de los árboles, el miedo a caer al agua. En su memoria, sobre todo, predominaba aquel año en el que le regalaron una Cabbage Patch Kids, a la que bautizó como Lena Melena y que se convirtió en su única muñeca (ella prefería jugar con los Playmobil o las miniaturas sorpresas de los huevos Kinder).

Desaparecieron, sin previo aviso, las salidas clandestinas con sus primas mayores, a las que más bien trataba como hermanas, y que aunque tuvieran quince o dieciséis años para ella eran auténticas personas adultas, ejemplos a seguir.

Falta poco tiempo para que vuelva a sentarse en otra sala de espera de un nuevo aeropuerto (ah, no... realmente ya lo había visitado. Casi pierde la cuenta). Allí verá pasar las horas, verá que no hay forma de quitarse ese nervio, esa sensación de que es muy pequeña para este mundo. No sabrá cómo gritar que está un poco perdida, que a veces se le acaban las fuerzas, que necesita una pequeña ayuda, que se siente mal. Y volará. Se sentará al lado de una ventanilla y verá cómo sale el sol a 2.000 metros de altura. Observará la costa española y se dará cuenta de que tantos y tantos kilómetros apenas han servido para nada.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Sangre en nuestros móviles

No importa ser de Yoigo, Movistar, Orange o Vodafone. Incluso las pequeñas compañías que ahora surgen como alternativa (un tanto ficticia) como Carrefour o Eroski están manchadas por sangre, horror y violencia. Cada vez que cambiamos de móvil para intentar conseguir un nuevo modelo, más actual y con cámara de 10,2 píxeles, estamos contribuyendo de forma indirecta pero patente a que este horror continúe.

Son muchos los aparatos electrónicos que usamos a diario y que nos ayudan a tener una vida más fácil. Nos cuesta trabajo imaginar cómo haríamos para comunicarnos si no tuviésemos un móvil o un ordenador. Si el portatil se estropea, nos echamos las manos a la cabeza. Pero lo que muy poca gente sabe es que para que toda esta última tecnología pueda funcionar es necesaria la utilización de un mineral que está causando serios problemas para los habitantes de El Congo: el coltán. Casi desconocido, hay muchos que lo catalogan como el nuevo oro negro de África. Si es así, ¿por qué no da riqueza a los habitantes de este país?

Hace unos años un director de Hollywood se atrevió a relatar las miserias que sufren los habitantes de las zonas en las que recogen diamantes. Qué casualidad, el escenario también era África. Claro que contaba con la actuación estelar de Leonardo Dicaprio, que aunque no hacía del típico y guapo Jack de Titanic, seguía atrayendo a las pantallas a jovencitas con las hormonas revueltas. No ha tenido la misma suerte el grupo de periodistas franceses que, en 2007, se dirigió a tierras congoleñas para sacar a la luz una de las realidades más ocultas por las multinacionales: el coltán provoca que las guerrillas del Congo tengan amenazada a toda la población y que un elevado número de informes de la ONU tache la situación como alarmante e inste tanto a empresas como a gobernantes a tratar de solucionar el problema.

Personalmente, había oído hablar de este mineral, y de lo que entrañaba, pero sólo pude ver el documental de casualidad, cuando botoneaba (forma española para decir "hacer zapping") a las doce y media de la noche, y no fue hasta ese instante cuando fui plenamente consciente de la gravedad del asunto. Ahora me lo pensaré dos veces cuando tenga que cambiar mi aparatito. Y tú, ¿qué harás?



* Haz click aquí para ver el documental online en Megavideo


*Primer capítulo en Youtube