"Lo malo de los reportajes es que uno tiene que contestarle en el momento a un periodista todo lo que no supo contestarse a sí mismo en toda la vida... Y encima pretenden que uno quede como inteligente..."
lunes, 1 de marzo de 2010
Visiones sobre el amor
domingo, 7 de febrero de 2010
Take out
lunes, 25 de enero de 2010
Declaración de amor
jueves, 14 de enero de 2010
Rutinas y fruterías
La llegada a la ciudad supone la reanudación de una rutina que, a ratitos, empezaba a echar de menos. Llenar la nevera, coger el cercanías, no funciona el Bicing, pero qué frío, no sé qué cenar, ¿una cerveza?, mirar la agenda cultural gratuita. Pero las obligaciones apremian en este mes de enero, el tiempo no sobra por ningún lado y las horas de ocio deberán posponerse para ocasiones mejores.
Me despierto temprano, limpio el baño, desayuno, leo el periódico... y me dirijo a comprar fruta. Las fruterías en Barcelona, al menos en la zona donde resido, son abundantes y suelen poner grandes ofertas con tal de hacer la competencia al establecimiento vecino. Después de haber probado varias en los tres meses que llevo aquí me decanto, casi siempre, por una regentada por pakistaníes. Son chicos simpáticos, educados. Rara vez me gasto más de cuatro euros y, además, todo está riquísimo. Y allí estaba yo a las once de la mañana, dispuesta a coger algunos kiwis y una lechuga, cuando una señora mayor (digamos de unos 65 o 70 años), intentando pasar desapercibida, se mete en el bolso una piña de plátanos para acto seguido salir disparada calle abajo. Pero como el ladrón rara vez sale inmune (hablo de ladrones pequeños, porque tema aparte son esos grandes magnates y empresarios, especuladores o políticos), un grito de atención la obligó a pararse en seco. Avergonzada, la señora devolvió la fruta a su dueño y, sin decir ni una palabra, se marchó del lugar.
Este incidente que para muchos habría carecido de importancia hace que yo, por el contrario, me llene la cabeza de preguntas. ¿Qué motivó a una anciana a robar? Respuestas varias: cleptomanía, aburrimiento, inconsciencia, falta de recursos. ¿Qué habría ocurrido si se hubiesen invertido los papeles de los actores? Racismo, gritos, insultos, murmullos y prejuicios. Y mientras tanto, todo sigue su tranquilo discurrir. Termino de comprar, regreso a casa y escribo todo esto. El alcalde de Vic, por su parte, colabora con la causa negándose a empadronar a ningún inmigrante "sin papeles".
viernes, 1 de enero de 2010
Un final muy temido
martes, 8 de diciembre de 2009
Relaciones inesperadas
Creo que hoy he empezado a querer a Barcelona, a esta ciudad tan universal, tan cosmopolita, tan vacía y desamparada. En dos meses me he perdido entre cruces de avingudas y carrers, he bebido en algún que otro bar, he asumido el papel de turista y el de guía para turistas, he retratado el movimiento a través de mi objetivo, me he convertido en una víctima más para el estrés, he aprendido que el cambio de línea en Passeig de Gracia es desalentador y que El Raval por la noche no es aconsejable.
Pero es hoy, no sé muy bien porqué, cuando advierto que entre transeunte y transeunte, entre codazo y codazo, hay dos manos que se rozan y se agarran, hay historias que sólo podrían ser posibles aquí. Dos chicas se besan en el metro, son de Andalucía e imagino que vienen a Barcelona a besarse en todas las estaciones de la ciudad sin ningún pudor, delante de revisores y de señoras con abrigos de visón. Un japonés pasea a su bebé en el carrito, y de repente dirige una sonrisa cómplice a la mujer que está sentada a mi lado, occidental con la que posiblemente comparta más que unos labios. Hoy, advierto que la amabilidad se había disfrazado de prisa sólo por juguetear, que el civismo impera y que aquí jamás podré aburrirme.
Es en un día de diciembre cuando me percato de esta temperatura cálida que mi piel y mis huesos agradecen y saben valorar, acostumbrados a soles subtropicales y vientos de azahar; cuando me refugio en el espacio inmenso de la mar, que me tranquiliza, me mima y me mece y deja a mis espaldas el alboroto y el bullicio. Beber una taza de té caliente mientras en mis dedos se cuela la arena, granos que se adhieren a mi piel igual que antes se adhirieron a otras pieles, y observar la línea horizontal tras la que sé que espera el país que también me acogió hace unos meses.
Hoy puedo decir que empiezo a ser un poquito feliz con esta ciudad. Esta bien, acepto una segunda cita.
martes, 1 de diciembre de 2009
En obras
domingo, 22 de noviembre de 2009
Nula explicación

Apareces disfrazado de sonrisa
en el sueño que va
del café a la mesilla de noche.
Pinchas y arañas tanto
como los tragos de whisky
que desayunan los borrachos
cuando no tienen nada más
que llevarse a la boca.
Y me empapas el cuerpo
con sudor de melancolía
gestado en un útero vacío
que jamás conoció
el sabor del semen.
Estremeces y conmueves
como la lluvia del invierno
cuando moja la ropa
de los vagabundos
que se quedaron sin hogar.
Ahuyentas la costumbre
de amar pasivamente
en tardes otoñales
de frío tras el cristal,
transpolando los sentidos
que van desde la cama
a los gritos del orgasmo
en el cuarto de estar.
Tu risa encierra el misterio
de las cosas que todavía
no tienen explicación
y atormentan al intelecto
buscando porqués inexistentes.
Te paseas desnudo
delante de mi
y corroboro que la felicidad
no entiende de motivos.
domingo, 8 de noviembre de 2009
Crónica de un futuro anunciado
Las tardes en casa de su abuela desaparecieron de un golpe el día que falleció. El maldito cáncer había consumido todos sus huesos y la vida no había dado más de sí. No hubo más comidas familiares, con la gran fuente de pescado frito en el centro de la mesa. No hubo más noches viendo la tele (ir a dormir allí era toda una aventura. La abuela, haciendo caso omiso a los intentos agnósticos de sus padres, se sentaba a su lado y le hacía repetir unas frases dedicadas a unos angelitos. A ella le hacía gracia, a fin de cuentas se sentía más segura al pensar que era verdad eso de que irían a protegerla, uno a cada esquina del colchón). El último recuerdo que tenía de la abuela era de una tarde en el mes de Junio. Se habían reencontrado después de unos seis meses sin verse y habían almorzado puchero con pringá, el plato favorito de su nieta.
Desapareció la celebración de Reyes en el río. El frío era importante en aquellos días de enero, pero no importaba. Eran siete, ocho primos que se reunían para compartir los juguetes que Baltasar había dejado, aunque eso era sólo la excusa. Lo importante para ella era que volvía al pueblo, a ese pueblo en el que toda su familia vivía y que visitaba de vez en cuando. Era gratificante el olor a barbacoa, el crujir de las ramas de los árboles, el miedo a caer al agua. En su memoria, sobre todo, predominaba aquel año en el que le regalaron una Cabbage Patch Kids, a la que bautizó como Lena Melena y que se convirtió en su única muñeca (ella prefería jugar con los Playmobil o las miniaturas sorpresas de los huevos Kinder).
Desaparecieron, sin previo aviso, las salidas clandestinas con sus primas mayores, a las que más bien trataba como hermanas, y que aunque tuvieran quince o dieciséis años para ella eran auténticas personas adultas, ejemplos a seguir.
Falta poco tiempo para que vuelva a sentarse en otra sala de espera de un nuevo aeropuerto (ah, no... realmente ya lo había visitado. Casi pierde la cuenta). Allí verá pasar las horas, verá que no hay forma de quitarse ese nervio, esa sensación de que es muy pequeña para este mundo. No sabrá cómo gritar que está un poco perdida, que a veces se le acaban las fuerzas, que necesita una pequeña ayuda, que se siente mal. Y volará. Se sentará al lado de una ventanilla y verá cómo sale el sol a 2.000 metros de altura. Observará la costa española y se dará cuenta de que tantos y tantos kilómetros apenas han servido para nada.
domingo, 1 de noviembre de 2009
Sangre en nuestros móviles
Son muchos los aparatos electrónicos que usamos a diario y que nos ayudan a tener una vida más fácil. Nos cuesta trabajo imaginar cómo haríamos para comunicarnos si no tuviésemos un móvil o un ordenador. Si el portatil se estropea, nos echamos las manos a la cabeza. Pero lo que muy poca gente sabe es que para que toda esta última tecnología pueda funcionar es necesaria la utilización de un mineral que está causando serios problemas para los habitantes de El Congo: el coltán. Casi desconocido, hay muchos que lo catalogan como el nuevo oro negro de África. Si es así, ¿por qué no da riqueza a los habitantes de este país?
Hace unos años un director de Hollywood se atrevió a relatar las miserias que sufren los habitantes de las zonas en las que recogen diamantes. Qué casualidad, el escenario también era África. Claro que contaba con la actuación estelar de Leonardo Dicaprio, que aunque no hacía del típico y guapo Jack de Titanic, seguía atrayendo a las pantallas a jovencitas con las hormonas revueltas. No ha tenido la misma suerte el grupo de periodistas franceses que, en 2007, se dirigió a tierras congoleñas para sacar a la luz una de las realidades más ocultas por las multinacionales: el coltán provoca que las guerrillas del Congo tengan amenazada a toda la población y que un elevado número de informes de la ONU tache la situación como alarmante e inste tanto a empresas como a gobernantes a tratar de solucionar el problema.
Personalmente, había oído hablar de este mineral, y de lo que entrañaba, pero sólo pude ver el documental de casualidad, cuando botoneaba (forma española para decir "hacer zapping") a las doce y media de la noche, y no fue hasta ese instante cuando fui plenamente consciente de la gravedad del asunto. Ahora me lo pensaré dos veces cuando tenga que cambiar mi aparatito. Y tú, ¿qué harás?
* Haz click aquí para ver el documental online en Megavideo
*Primer capítulo en Youtube