El Blog

domingo, 21 de noviembre de 2010

¿Dónde está?

Vivo en un caparazón de tortuga. Así, sin más. No sé por qué digo esto. Desconozco qué conexiones se habrán rozado en mi cabeza para que salga una frase tan incoherente. Pero ya llevo un buen rato pensando en esto: vivo en un caparazón de tortuga. Vivo en un caparazón de tortuga.

Será que la alegría de la vuelta a casa, al calor, a la playa, se va esfumando de a poquitos; queda eclipsada por las horas delante del ordenador, o leyendo, o viendo películas. Será que la rutina se va imponiendo y me siento inútil, incapaz de encontrar un trabajo, de volver a ser aquella que hace años le robaba minutos al tiempo para llevar adelante una universidad, unas prácticas, un trabajo y poder salir con los amigos. Será que hace tanto tiempo que me fui que camino como desconocida por estas calles; que miro en la agenda del móvil pero todos están lejos (Sevilla, Barcelona, Córdoba, Italia, Granada, Madrid, qué se yo) y termino fotografiando olas que rompen en las rocas. Después de cinco años y medio, regreso y es por algo, es por alguien. Qué más da. Si vivo en un caparazón de tortuga. 

Por suerte, al 2010 le quedan los días contados. E irá mejor. Irá infinitamente mejor después. Vivo en un archipiélago, donde tocan el tambor... Qué demonios. ¿Dónde está mi lugar?

martes, 26 de octubre de 2010

Elecciones

Elegí una habitación en Holanda; un paseo en góndola por Venecia; la ajetreada y triste muchedumbre de Barcelona. Elegí un viaje en autobús por el continente americano; un café en la Alameda de Sevilla; un orgasmo en el trópico. Elegí las connotaciones más bellas de las palabras; leer con parsimonia los mensajes que se escapaban de tus ojos (y memorizar, recordar, releer, repetir, resoplar de amor); detenerme ante cada sonrisa y saborear la copa de vino. Elegí también que la nostalgia viniese con su ruido de platos rotos (¿lo elegí?) y me recorriese el cuerpo con su lengua viperina, al compás de un recopilatorio de jazz que me hace estremecer. Elegí creerme todas las mentiras, soñar lo prohibido, fotografiarme desnuda y analizar cada positivo a la luz de una vela, por si acaso me deslumbro, por si acaso me quemo. Con el índice recorro el contorno de una curva, de un círculo, de un botón.

sábado, 23 de octubre de 2010

Trece

No recuerdo muy bien qué andaba yo haciendo el día que cumplí 13 años... Seguramente la anécdota estará recogida en alguno de mis diarios de adolescente, aunque estos se encuentran bien guardados en cajas en algún ropero de Andalucía. De todas formas, lo más probable es que le hubiera pedido 500 pesetas a mis padres para ir a comer al piscolabis con tres o cuatro amigas. Hamburguesa, Coca-cola y un cono de papas locas era todo cuanto deseaba. 



jueves, 21 de octubre de 2010

Pensamientos de una noche otoñal

La vibración incandescente
de tu suspiro sobre la almohada
en el sueño de medianoche
me convierte en la víctima
de un asesinato perfecto.
Filos de alas de libélula
que rozan, sutiles,
y hacen sangre invisible
del hálito enmarañado
que te arropa de madrugada.
Eterna combustión de besos
y caricias nunca dadas
que perecieron sin nacer.

martes, 12 de octubre de 2010

Humor de perros

Dentro de cinco días será el segundo cumplemes en tierras holandesas. Una eternidad, vaya. Mientras tanto, con trucos absurdos, voy engañando al cerebro para que crea que quedan menos días de los que en realidad son (¡¡19!!). Y en todo el tiempo que me queda libre entre chillido y resignación me percato de que hay dos cosas que este país ha cambiado en mí. La primera, que los niños ya no me parecen tan adorables. La segunda, que los perros me empiezan a dar asco.


Trabajar de Mery Poppins podría ser divertido... sí. Podría serlo incluso cuando convives con una familia con la que no te llevas del todo bien, si es que tienes tiempo de ocio y desconexión y, sobre todo, si es que ves aquellos con quienes trabajas valoran tus esfuerzos. Pero cuando un renacuajo, pingajo, culocagao, se enfrenta a ti y te insulta, te grita, y se piensa que eres su criada, entonces apaga y vámonos. La paciencia, las ganas de jugar, de reír, de ver películas o de cantar canciones se esfuman en un segundo y son sustituidas por las más agrias ironías que pueden salir de mi cabeza.


Y en cuanto a los cariñosos, simpáticos y juguetones canes, qué decir. Estos neerlandeses han sobrepasado la línea de amor a las mascotas y les permiten, sin ningún tipo de pudor, que se suban a las camas y duerman allí; les dan comida a la hora de la cena directamente con las manos (y luego ellos siguen comiendo, of course); pueden entrar en los restaurantes y aquí no ha pasado nada... pero lo peor es que todo esto sucede con perros sucios a los que no bañan durante meses, me atrevería a decir incluso años. Tal es así que cuando alguno de los 4 animalitos con los que convivo (otro detalle que host-dad olvidó mencionar) se me acerca sólo puedo pegar un zapatazo y ahuyentarlo.


En definitiva, que o salgo pronto de aquí o acabaré convertida en una pequeña Cruella de Vil.

lunes, 4 de octubre de 2010

Animales de costumbres

Holanda permanece igual a lo largo de todo el paisaje. Llanuras y más llanuras de prados verdísimos y plantaciones de maíz, algunas (muchas) granjas con vacas, ovejas, pollos y, si te descuidas, hasta cervatillos. Debo reconocer que no es un paisaje que me guste demasiado, a excepción de algunas zonas que son realmente dignas de contemplar, como los ríos cuando se está poniendo el sol o el ver amanecer entre una bruma que contribuye a crear un ambiente tétrico y mágico. 
Mientras tanto, el clima continúa variable, ahora frío, ahora calor. Las lluvias son esporádicas, aparecen sin avisar y te pueden calar hasta el alma si te descuidas. Y las comidas... bueno, las comidas merecerían un artículo a parte. Sí, odio la dieta holandesa a base de patatas estrujadas (así, tal cual suena... patata hervida y estrujada con un tenedor) mezcladas con todo lo que pillas en la cocina, desde huevo duro hasta varitas de merluza; al igual que odio que me miren con cara de absoluto asco cuando preparo una tortilla francesa con queso (¡!) o me como un crepes con chocolate. En serio, en mi mente no existía la posibilidad de que un niño, en cualquier lugar del mundo, me dijese que eso era una porquería.

Ya veis, no hay grandes novedades. Pasan las horas y los días, la mayoría de ellos entre las cuatro paredes de esta granja alejada por 8 kilómetros de la mediana urbe de Den Bosch, haciéndome cargo de tres niños, de entre los cuales al menos a uno no consigo entender, se me escapa su lógica y su eterno odio. Al final, el tiempo libre me ayuda a elaborar elucubraciones acerca de la naturaleza del ser humano, a verificar lo gregarios que somos, lo que nos afectan nuestras costumbres y formas de vida. Y como yo no no soy ninguna excepción, me asombro con cada detalle, no entiendo ciertas actitudes, desisto ante la idea de integrarme y alimentarme con una rebanada de pan con mantequilla al mediodía. 

Qué coño. Las lentejas son para almorzar, no para cenar.

martes, 21 de septiembre de 2010

Carta a El País

Queridos señores de El País,

les escribo porque quería comentarles algunos asuntos relacionados con la sección que desde hace unos días anuncian en su periódico, a la que han bautizado con un bonito juego de palabras que causa la risa y el llanto. Todo a la vez. Me refiero a Pre-parados. 

He de reconocer que al principio, con el primer golpe de vista, me pareció un trabajo interesante, un grito de alerta ante la trágica situación que sufren los jóvenes en nuestro país. Leí los primeros artículos y observé con detenimiento los vídeos, pensando en lo triste que era todo y en la pena que me causaba. Casi (casi) se me cae alguna lagrimita pensando en mi propia situación y en lo crudo que lo tenía para salir adelante. De hecho, no es en vano que he tenido que salir del país para encontrar alguna fuente de ingresos. 

Siguiendo por donde íbamos, lo primero que sentí fue agradecimiento hacia su periódico. Pero he de confesar que este sentimiento no tardo demasiado en convertirse en impotencia e indignación. ¿Cómo una publicación que forma parte del grupo de comunicación más importante de España, que tiene presencia en 22 países de Europa y América y que en el ejercicio de 2009 obtuvo un beneficio neto de 50,48 millones de euros tiene la soberana desfachatez de hacerse eco de estos problemas y de enarbolar la bandera de los salvadores de la juventud? ¿Cómo no siente vergüenza cuando un elevado porcentaje de los que escriben en sus diarios y revistas son periodistas recién salidos de las aulas (o aún en ellas) que no cobran absolutamente nada por realizar un trabajo que realmente aman? El grupo PRISA se encuentra entre las empresas a las que un alumno de periodismo interesado en realizar prácticas puede optar. Yo misma estaba interesada en solicitarlas. ¡Qué buena oportunidad, qué bonito quedaría en el currículum y qué de puertas me abriría después! ¿Qué por qué no lo hice? Pues porque la retribución recibida por un total de 25 horas semanales (en teoría, porque no olvidemos que en la práctica pueden llegar hasta 40 o más) era, sencillamente, 0€. 

Y así andamos, señores de El País. Ustedes se aprovechan de los inexpertos, inocentes y reemplazables periodistas, quienes consideran que ya es bastante suerte trabajar para su medio como para encima andar pidiendo limosnas. Y a los que todavía nos queda un poco de dignidad, a los que nos negamos a trabajar gratis porque, fíjense por dónde, necesitamos pagar un alquiler, comer, vestirnos y una conexión a internet, no nos queda más remedio que continuar enviando currículums a todas esas redacciones repletas de becarios, de gente sin titulación, de amigos de amigos de amigos a los que se les debía un favor. A fin de cuentas, todo el mundo sabe escribir, ¿no? Enviamos dichos currículums y miramos desesperanzados cómo pasan los días, cómo este maldito sistema (del que forman parte, no lo olviden) nos impide desarrollar la profesión que nos haría felices y para la que nos hemos formado.

Pues eso. Sigan escribiendo los especiales de Pre-parados. Queda bastante bien de cara al público, se ganarán la simpatía de gran parte de los lectores jóvenes que últimamente se habían pasado, y valga la redundancia, a Público. Pero, por lo menos, sientan un poquito de remordimientos al hacerlo. Sé que, en cuanto a hechos se refiere, no cambiará gran cosa, pero me ayudará a seguir creyendo un poquito más en el ser humano y en su conciencia.

Atentamente,

MARÍA NEUPAVERT

lunes, 30 de agosto de 2010

Romeo & Juliet

El frío comienza a colarse por los huecos invisibles que dejan las puertas y las ventanas y yo empiezo a pensar en chocolates calientes a la hora de la merienda o en los mates que nunca tomo por dejadez, o por no disponer de los utensilios adecuados. O, simplemente, por no ser argentina. Trato de reconciliarme con el mundo en unos días grises que me provocan tanta nostalgia, tanta pereza. Ver la lluvia a través del cristal y no poder cocinar crepes calientes con nocilla para calmar las punzadas metafísicas de las gotas que caen como rayos sobre una piel cubierta por kilómetros de hilo. (Son tantas las ganas de que nos bebamos una botella de vino entre los dos, de que las estrellas nos descubran medio borrachos entre exquisiteces de salmón y delicias de surimi).

Y así, apenas sin darnos cuenta, los días van pasando en un nuevo país, una nueva ciudad... y tú sigues esperando, y yo sigo creando tiempo y velocidad. Los dos continuamos con nuestras vidas, ajenas y unidas por algo superior a nosotros, por una seda invisible que alguien se entretuvo en coser a nuestros costados. No queremos romperla. No podemos romperla. It's true. I miss you...


lunes, 23 de agosto de 2010

Primeras impresiones sobre... Holanda

Holanda se presentó ante mí tal y como le correspondía: con una temperatura muy suave y un cielo encapotado que escupía lluvia cuando se le antojaba. No obstante, era mejor que Bélgica, donde había aterrizado en el aeropuerto de Charleroi después de cuatro largas horas de avión y donde un acto reflejo me llevó a tomar el abrigo que colgaba de mi brazo para prevenirme de los escasos 17 grados que el termómetro marcaba. 



Cuando cruzamos la frontera con Holanda el paisaje pareció transformarse de repente. Las llanuras verdes e interminables se sucedían kilómetro tras kilómetro, aumentaba el número de coches con matrículas amarillas y los carteles se expresaban en una lengua inteligible que a ratos parecía inglés y a ratos alemán (más lo segundo que lo primero, para mi desazón). Como un bebé que empieza a hablar, comencé a balbucear algunas palabras en la lengua de Shakespeare y traté de hacer amistad con los niños a los que cuidaría, los cuales me miraban algo desconcertados y tímidos, supongo que preguntándose quién era esa chica bajita y de pelo rizado que se inmiscuía en sus vidas. Mi objetivo, al fin y al cabo, era buscar un hueco en sus vidas y que  no acabasen lamentándose de su decisión.

En estos menesteres llevo ya casi una semana, seis días para ser exactos, y he de decir que me lo han puesto muy fácil. La convivencia con ellos es excelente, me han acogido con los brazos abiertos y hacen que no me sienta una extraña a 4.000 kilómetros de mi verdadero hogar (Islas Canarias, para los que anden un poco perdidos...) Además, el trabajo es cotidiano y sencillo, apenas mantener un poco el orden de la casa y estar pendiente de que no hagan ninguna trastada. Supongo que, en realidad, no terminaré de coger una verdadera rutina hasta que ellos empiecen el colegio.

Por lo que respecta a la forma de vida de los holandeses... uf, qué decir. Recuerdo que uno de los primeros posts que escribí al llegar a Italia se titulaba Sin internet, sin fregona y en el Abruzzo. En él hablaba de lo que me había sorprendido el atraso de la sociedad italiana, la carencia de cosas tan sencillas como una conexión decente a internet o, simplemente, una fregona. Ahora no sabría cómo titular el correspondiente para el país de las bicicletas... supongo que lo que más me ha llamado la atención es el tema de la alimentación. Esta es la primera vez que tengo que 'adaptarme' a las costumbres culinarias de otra familia y que no puedo decir eso de yo me lo guiso y yo me lo como. La dieta holandesa consiste en un desayuno a base de cereales y zumo de frutas, un almuerzo con un par de rebanadas de sandwich a la que le untan mantequilla, crema de cacahuetes o mermelada y una cena algo más consistente pero que tampoco es un festín... algo como arroz, ensalada o patatas fritas. Y lo cierto es que eso a mí me sabe a poco. Así que ando tanteando el terreno, tratando de cocinar cuando me da el punto y comiendo a cada ratito. ¡Cómo siga a este ritmo, con tan poca comida y tanta bicicleta, voy a llegar a España hecha una sílfide! 

Atardecer en Holanda. ©
 De momento, os dejo con algunas fotos que he tomado en estos días en mis escapadas por los campos y por la ciudad de Den Bosch, de la que ya hablaré cuando consiga unas cuantas referencias más. Ah, y gracias a todos por interesaros por esta humilde trotamundos que trata de narrar lo que sus ojillos ven... sé que no lo digo mucho, pero al fin y al cabo este blog sin sus lectores no sería nada, res, niente, nulla, nothing.




Canal principal ©
Calle con canal ©

Bicis en el camino ©
Calle central en Den Bosch ©






















Fachadas holandesas, Den Bosch ©

domingo, 15 de agosto de 2010

Sorpresas te da la vida

Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido




Así, sin previo aviso, la vida te va guiando en su camino, te da opciones, te las quita, te obliga a elegir en un instante. Casi con la rapidez de un rayo se te plantean alternativas que un rato antes jamás consideraste viables, una respuesta, un sí o un no, y un nuevo destino ya ha quedado escrito al menos para los meses venideros. 

Nuevas despedidas (y duelen, maldita sea cómo duelen a pesar de llevar años conviviendo con ellas, cómo queman al pensar en los días y semanas sin verte), nuevas personas que entrarán en mi vida para formar parte de esta historia que estoy escribiendo. Otra maleta y otro avión, ahora para aterrizar en un aeropuerto nunca visitado, el de Charleroi en Bélgica. Una cama en una casa desconocida, una aventura con el único objetivo de no perder el tiempo estando de brazos cruzados, generar vida, actividad, experiencias. 

La próxima vez que escriba lo haré desde 's-Hertogenbosch, en Holanda. No os podéis perder esta nueva edición de mi Diario... ¡creo que promete!