martes, 19 de julio de 2011

Excusas convincentes

Enójate con mis pataletas
de niña pequeña y caprichosa
que busca tenerte en cada arruga,
en cada poro de la desnutrida piel.

Indígnate con mis incoherencias
verbales y argumentales,
carentes de la lógica elemental
que se le presupone a una escritora.

Cánsate de mis ojos llorosos
que hacen de lo más simple
un chantaje emocional.

Grítame al oír mi voz quejumbrosa
que te requiere desde el otro lado
de la línea telefónica.

Así, sin más, no servirá de nada.
Seguiré haciéndome pequeñita
cada día que pase sin comer de tu saliva.
Continuaré dejando paso
a la tristeza incontrolada
de la noche que llega sin tu sonrisa.
Morderé, desgarraré y trocearé
cada pedazo que quede de tu bendita paciencia.
Porque tengo la mejor excusa
literaria, causística y entrópica:

Te amo.