sábado, 19 de septiembre de 2009

Benvinguda

De nuevo llego cargada de maletas a un lugar que me resulta extraño, nada familiar. He conseguido no sobrepasar en límite de peso permitido (21 kg, no está nada mal) y con unas pocas pertenencias comienzo una nueva etapa. Las calles son inmensas, llenas de comercios, de gente, de coches. Busco los supermercados en mi barrio, me pierdo y estoy una hora caminando tratando de volver a mi casa. Y pensar que en el barrio en el que crecí, San José Obrero, en Jerez de la Frontera, tenía apenas nueve calles, todas perfectamente cuadriculadas. Pregunto a la gente y me da un poco de reparo no saber catalán. Pienso que quizá se sienten ofendidos, y que me mirarán de malas formas, aunque de momento todos han sido muy amables conmigo. Cojo el metro y me recorro de punta a punta esta ciudad interminable en apenas quince minutos. Voy conociendo a gente, a personas que están igual de perdidas que yo. Nos tomamos unas cervezas y empezamos a ser conscientes de que vamos a pasarlo muy mal aquí en lo que al aspecto económico se refiere. 6 cañas, 15 €. ¡Pero si en Sevilla me habría podido tomar 15 vasos! En contra, la agenda cultural está repleta. Esta noche, un festival de jazz gratuito en el centro parece ser una de las mejores opciones.

En cuanto a mi hogar, es el más bonito en el que he estado nunca. Cocina perfectamente equipada con microondas, lavavajillas, nevera ultramoderna; salón con televisor de pantalla plana de diez millones de pulgadas, con una play 3 (todo de mis compañeros, por supuesto); habitación con cama de 110, muy cómoda. También es el más caro, el precio del alquiler es casi tres veces superior a lo que estoy acostumbrada a pagar.

Me queda un año por delante para conocer rincones ocultos de la ciudad, para seguir las huellas de Gaudí, para formarme en una universidad con mucho prestigio. Un año en el que me acordaré de Teramo, de las personas que conocí allí, en el que conoceré a nuevos amigos.

¿Me enamoraré de Barcelona? El tiempo lo dirá.

sábado, 12 de septiembre de 2009

¡Gays, manifestaos!

Es cierto que hace ya casi tres meses que abandoné el país de la bota, pero todavía siento los temas relacionados con su presidente, con su política y con su sociedad como propios. Por eso, aún sigo indignándome al leer ciertas informaciones, las cuales no tienen desperdicio.

Para empezar, ya he recalcado muchas veces en este blog la imagen distorsionada que, por norma general, se tiene de Italia. Quizá por su grandiosa historia, por sus impresionantes monumentos, por eso de estar en el G-8 (algo que aunque a mi juicio es estúpido, otorga notoriedad), o no sé por qué motivos pensamos que es un país evolucionado, educado, tolerante. Amigos, acérquense a vivir sólo durante uno o dos meses y verán que está llena de carencias. No hay wifi público en bibliotecas o facultades, la sanidad hay que pagarla parcialmente, la mujer sigue siendo un florero y el hombre el que lleva los pantalones.

Un tiempo atrás hablaba con un amigo sobre el carácter de los italianos, ya que él estaba conviviendo con dos de ellos. Asombrado, me contaba cómo su compañero afirmaba no conocer a ningún homosexual, o cómo se resistían a disfrazarse de mujeres en carnavales. Son actitudes que a nosotros nos parecerán retrógradas, pero que encabezan titulares en los grandes periódicos de allí. Hoy, leía en Repubblica.it lo siguiente:

Firenze, calci e pugni contro un gay aggredito nel giorno anti-omofobia

(Florencia, patadas y puñetazos contra un gay agredido en el día anti-homofobia)


Según cuentan, la agresión se produjo a las puertas de un bar de ambiente durante la noche del miércoles, cuando dos jóvenes comenzaron a agredir a otro, de 26 años, mientras le gritaban "Maldito maricón, toma esto". No ha sido hasta hoy cuando la organización Arcigay de Florencia ha denunciado, ya que los padres del chico no sabían nada acerca de la homosexualidad de su hijo.

A esto, hay que añadir otros ataques homofóbicos en diversas ciudades. Por ejemplo, en Roma se produjo el apuñalamiento y el lanzamiento de botellas a una pareja de chicos en la zona gay de la capital, además de colocar algunas bombas incendiarias en las puertas de un local, acción que se repitió la semana pasada.

Mientras los homosexuales italianos piden asilo en España, su fantástico presidente aparece en las portadas de todos los periódicos españoles con una ejemplar pose. Menos mal que ellos no tuvieron a Franco.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Tránsito de aviones

Varios días desaparecida. Será que no hay mucho que contar. Aunque claro, todo es siempre relativo... En realidad, desde mi última entrada, y siguiendo fiel a mi innata necesidad de moverme por este pequeño planeta, he pasado de residir en mi hogar maternal en Las Palmas de Gran Canaria, a deambular por diversas casas familiares en Chipiona, Lebrija y El Puerto de Santa María. Tampoco hay que olvidar a aquellos amigos que me han cedido un hueco en Sevilla.

Bueno... mi examen del día 1 (Periodismo Especializado) ha sido aprobado con un aburrido pero más que suficiente 5, cumpliendo el objetivo por el que regresé a Andalucía. Una vez más puedo decir que he sacado el curso sin mayores complicaciones. Incluso este año puedo decir que ha sido una chorrada. El estar de Erasmus es lo que tiene... ¡¡Cuanto echo de menos mi pueblecito Teramano!! Hace casi casi un añito llegaba yo a tierras italianas, y recuerdo que era septiembre, y que me moría de frío, y que no paraba de llover, y que me planteaba mil veces a dónde había ido a parar, pudiendo estar en una ciudad tan bonita y cálida como es Sevilla. Pero al final el tiempo acabó por quitarme la razón y por demostrarme que de todo se aprende, hasta del pueblo en el que Marco perdió a su madre.

Ahora, a las puertas de una nueva experiencia en Barcelona, vuelvo a reencontrarme con amigos a los que hacía más de un año que no veía. Vuelvo a pasear por zonas a las que casi había olvidado, y a disfrutar de los pequeños placeres que, hace sólo 365 días, me ofrecía la cotideanidad: pasear por la calle y ver caras conocidas, huir de ciertos rostros (¡qué cobarde soy!), rememorar tardes en el río, o días de estudio en Reina Mercedes. Pero la Ciudad Condal está ahí y me espera. Llena de Gaudís, repleta de turistas, de prostitutas en las Ramblas o en el Raval, de playas alejadas del Atlántico, de catalanes antipáticos y del pan catalán para desayunar, de butifarras, de jovenes que no han olvidado su tradición de protestas, su historia en la guerra civil, de Orwells, con torres que parecen penes y son únicas en el mundo, con una Iglesia hecha de barro...

Siempre sentí el miedo, pero siempre pudo más la curiosidad.