domingo, 22 de noviembre de 2009

Nula explicación



Apareces disfrazado de sonrisa

en el sueño que va

del café a la mesilla de noche.

Pinchas y arañas tanto

como los tragos de whisky

que desayunan los borrachos

cuando no tienen nada más

que llevarse a la boca.

Y me empapas el cuerpo

con sudor de melancolía

gestado en un útero vacío

que jamás conoció

el sabor del semen.

Estremeces y conmueves

como la lluvia del invierno

cuando moja la ropa

de los vagabundos

que se quedaron sin hogar.

Ahuyentas la costumbre

de amar pasivamente

en tardes otoñales

de frío tras el cristal,

transpolando los sentidos

que van desde la cama

a los gritos del orgasmo

en el cuarto de estar.

Tu risa encierra el misterio

de las cosas que todavía

no tienen explicación

y atormentan al intelecto

buscando porqués inexistentes.

Te paseas desnudo

delante de mi

y corroboro que la felicidad

no entiende de motivos.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Crónica de un futuro anunciado

Entre idas y venidas se desarrollaba su camino, un camino que aún no estaba señalado y que requería de unas importantes dotes de improvisación. Eran muchas las horas que habían transcurrido en salas de embarque de diferentes aeropuertos: Dublín, Madrid, Barcelona, Roma, Santiago de Chile, Frankfurt, Sevilla... ¡Y después de todo se seguía viendo tan niña! Apenas podía creer que casi no quedasen trozos de aquella infancia de la que tan buenos recuerdos poseía.

Las tardes en casa de su abuela desaparecieron de un golpe el día que falleció. El maldito cáncer había consumido todos sus huesos y la vida no había dado más de sí. No hubo más comidas familiares, con la gran fuente de pescado frito en el centro de la mesa. No hubo más noches viendo la tele (ir a dormir allí era toda una aventura. La abuela, haciendo caso omiso a los intentos agnósticos de sus padres, se sentaba a su lado y le hacía repetir unas frases dedicadas a unos angelitos. A ella le hacía gracia, a fin de cuentas se sentía más segura al pensar que era verdad eso de que irían a protegerla, uno a cada esquina del colchón). El último recuerdo que tenía de la abuela era de una tarde en el mes de Junio. Se habían reencontrado después de unos seis meses sin verse y habían almorzado puchero con pringá, el plato favorito de su nieta.

Desapareció la celebración de Reyes en el río. El frío era importante en aquellos días de enero, pero no importaba. Eran siete, ocho primos que se reunían para compartir los juguetes que Baltasar había dejado, aunque eso era sólo la excusa. Lo importante para ella era que volvía al pueblo, a ese pueblo en el que toda su familia vivía y que visitaba de vez en cuando. Era gratificante el olor a barbacoa, el crujir de las ramas de los árboles, el miedo a caer al agua. En su memoria, sobre todo, predominaba aquel año en el que le regalaron una Cabbage Patch Kids, a la que bautizó como Lena Melena y que se convirtió en su única muñeca (ella prefería jugar con los Playmobil o las miniaturas sorpresas de los huevos Kinder).

Desaparecieron, sin previo aviso, las salidas clandestinas con sus primas mayores, a las que más bien trataba como hermanas, y que aunque tuvieran quince o dieciséis años para ella eran auténticas personas adultas, ejemplos a seguir.

Falta poco tiempo para que vuelva a sentarse en otra sala de espera de un nuevo aeropuerto (ah, no... realmente ya lo había visitado. Casi pierde la cuenta). Allí verá pasar las horas, verá que no hay forma de quitarse ese nervio, esa sensación de que es muy pequeña para este mundo. No sabrá cómo gritar que está un poco perdida, que a veces se le acaban las fuerzas, que necesita una pequeña ayuda, que se siente mal. Y volará. Se sentará al lado de una ventanilla y verá cómo sale el sol a 2.000 metros de altura. Observará la costa española y se dará cuenta de que tantos y tantos kilómetros apenas han servido para nada.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Sangre en nuestros móviles

No importa ser de Yoigo, Movistar, Orange o Vodafone. Incluso las pequeñas compañías que ahora surgen como alternativa (un tanto ficticia) como Carrefour o Eroski están manchadas por sangre, horror y violencia. Cada vez que cambiamos de móvil para intentar conseguir un nuevo modelo, más actual y con cámara de 10,2 píxeles, estamos contribuyendo de forma indirecta pero patente a que este horror continúe.

Son muchos los aparatos electrónicos que usamos a diario y que nos ayudan a tener una vida más fácil. Nos cuesta trabajo imaginar cómo haríamos para comunicarnos si no tuviésemos un móvil o un ordenador. Si el portatil se estropea, nos echamos las manos a la cabeza. Pero lo que muy poca gente sabe es que para que toda esta última tecnología pueda funcionar es necesaria la utilización de un mineral que está causando serios problemas para los habitantes de El Congo: el coltán. Casi desconocido, hay muchos que lo catalogan como el nuevo oro negro de África. Si es así, ¿por qué no da riqueza a los habitantes de este país?

Hace unos años un director de Hollywood se atrevió a relatar las miserias que sufren los habitantes de las zonas en las que recogen diamantes. Qué casualidad, el escenario también era África. Claro que contaba con la actuación estelar de Leonardo Dicaprio, que aunque no hacía del típico y guapo Jack de Titanic, seguía atrayendo a las pantallas a jovencitas con las hormonas revueltas. No ha tenido la misma suerte el grupo de periodistas franceses que, en 2007, se dirigió a tierras congoleñas para sacar a la luz una de las realidades más ocultas por las multinacionales: el coltán provoca que las guerrillas del Congo tengan amenazada a toda la población y que un elevado número de informes de la ONU tache la situación como alarmante e inste tanto a empresas como a gobernantes a tratar de solucionar el problema.

Personalmente, había oído hablar de este mineral, y de lo que entrañaba, pero sólo pude ver el documental de casualidad, cuando botoneaba (forma española para decir "hacer zapping") a las doce y media de la noche, y no fue hasta ese instante cuando fui plenamente consciente de la gravedad del asunto. Ahora me lo pensaré dos veces cuando tenga que cambiar mi aparatito. Y tú, ¿qué harás?



* Haz click aquí para ver el documental online en Megavideo


*Primer capítulo en Youtube