jueves, 18 de junio de 2009

Un día en un sueño soñando soñé



*Recomendación: pulsar play antes de comenzar a leer.


Hoy he soñado con un mundo en el que las cosas son bastante diferentes a lo que en Europa estamos acostumbrados. En este mundo peculiar no existe la Estrella Polar, sino la Cruz del Sur, y es con ella con la que los viajeros tienen que guiarse, aunque si te alejas un poco de las grandes urbes tienes la posibilidad de ver la Vía Láctea y pensar que para qué sirven las guías si el universo es tan grande, tan infinito... Debajo de esa línea circular te sientes más hombre, más simple, más nada. Los amaneceres se llenan de magia e ilusión, y son los más bonitos de todo el mundo. Aquí, en pleno agosto, tienes que ponerte guantes y bufanda, porque hace un frío que se te cuela por cualquier rendija y te congela hasta el cromosoma más oculto de tu ADN, y mientras nosotros dormimos, sus habitantes acaban de salir del trabajo, o comienzan a preparar la cena o hacen el amor (aunque para esto, cualquier hora es buena).













Soñé también con los niños perdidos, aunque estos viven sin ningún Peter Pan que los saque de Nunca Jamás. Eso sí, hay millones de Garfios dispuestos a arrebatarles todo lo que tienen. Pero en sus ojos se ve la valentía propia de quien cree en la inocencia y en la bondad. Están esperando que llegue alguna Wendy que les enseñe las cosas básicas para sobrevivir en un mundo lleno de tiburones, y la andan buscando como locos. Si perciben el más mínimo gesto que les delate que es ella, se arrojan a sus brazos sin contemplaciones. Allí, los colegios no existen, o no son iguales que los nuestros. Los libros de historia enseñan cosas muy diferentes, aunque igual de ciertas.




En este mundo, quieren a su presidente, aunque muchos se empeñen en hacer pensar lo contrario. Las ideas siguen siendo parte del ser humano, y no se venden ante la primera moneda de cambio. Se sienten parte de una identidad y de una cultura, y, sobre todo, son conscientes de que el rumbo que se ha seguido hasta ahora no es el más correcto.





La naturaleza cobra la importancia que ha perdido a lo largo del desarrollo humano, y, al igual que bajo la Vía Láctea, vuelves a sentirte en perfecta sintonía con lo que te rodea. Sin mentiras ni miedos, te percatas de lo verdaderamente importante y te planteas qué sentido tiene todo lo que has hecho hasta ahora. Las picaduras de serpiente ya no duelen tanto, y los aligator se dejan ver en las noches oscuras, mostrándote sus ojos brillantes. En el río, te dejas flotar y piensas que sólo falta alguna Pocahontas que aparezca por entre los matorrales.




También ocurre que las realidades se transforman y ya no sabes qué es moderno ni viejo, qué está bien o mal, quién eres tú para dar lecciones o para que te las den. Piensas en la importancia de las tradiciones, en por qué eres cómo eres, por qué piensas como piensas. Vidas en unas islas flotantes, comedores colectivos, fotógrafos sin nada que fotografiar. Y te das cuenta de que todo aquello ya existía desde mucho antes de tu llegada, y de la de él, de la nuestra. Que son más ricos que nosotros, que no nos necesitan.








Hoy he soñado con un mundo en el que las cosas no son como piensas. He soñado con todo aquello que está al otro lado, más allá, lo que no somos capaces de ver ni sentir ni tocar. Hoy he soñado tan intesamente que parecía que fuese real...


...hoy me muero por volver...








PD1: Esta es una pequeña crónica de mi viaje de mes y medio por Latinoamérica... nunca hablé de ello aquí.

PD2: He acabado mis exámenes en Teramo. 9 asignaturas aprobadas, y de vuelta para casa. El lunes se acabará esta bonita etapa.

martes, 16 de junio de 2009

¿Qué tal si lo dejamos para otro momento?

Por favor, que acaben ya... ¿Alguien ha pensado alguna vez en lo tortuoso que es leer un libro de Habermas en italiano? ¿Alguien sabe lo que es hacerlo en tu última semana de Erasmus?

Definitivamente voy a acabar un poco loca. Quizá entonces los lectores de mi blog aumenten. Dicen por ahí que a la gente le interesa más cotillear las vidas que no son perfectas. Con tintes suicidas, psicóticos... un poco en la línea de Onetti. Sí, definitivamente, voy a acabar loca.

jueves, 11 de junio de 2009

Noche de un mes de junio

La intención primaria era estudiar. Sí, cierto, este es el motivo por el que esta noche no he salido y me he quedado en casa. En el escritorio, un ordenador, unos altavoces, la lámpara, una botella de agua, mi Nikon D60 y un gran fajo de apuntes (Habermas, G. Grossi, otro que no recuerdo...) Pero como decía Ismael Serrano "la noche debilita los corazones", y el mío lleva ya un tiempo debilitado.

He pasado toda mi vida durmiendo en camas distintas. No conozco la sensación de sentirse arraigado a un lugar, a una tierra, de echar tanto de menos a tu gente como para que no se te pase por la cabeza vivir en otra ciudad. He cogido más aviones que años tengo. Algunos interminables, como aquel que me dejó en Santiago de Chile un 5 de julio del año pasado. Otros, más cortos y familiares, como el de Sevilla-Gran Canaria. También los hubo ocasionales y esporádicos, como el de Pescara-Frankfurt.

Lo peor de todo esto es que en cada rincón de este mundo se quedaba alguien esperando, alguien al que llegaste a querer, con quien compartiste algún secreto. Y resulta que nunca más volviste a hablar con esa persona, ha quedado guardada en tu cerebro como un cromo amarillento de las estampitas que coleccionaba tu papá. A veces, tienen nombre (e incluso apellidos), otras son sólo un vago recuerdo de rasgos fasciales u otros detalles como la voz, el olor. Su risa. Quién sabe...

En las noches de un mes de junio, en la que sientes que el tiempo se te escapa entre los dedos de manera irreversible, empiezas a acordarte de aquellos amigos a los que te gustaría tener ahora a tu lado para, simplemente, darles un abrazo y preguntarles "¿qué tal, como va todo?". Son esas noches en las que piensas que dentro de uno o dos años, en otro mes de junio, recordarás a los que hoy están contigo y los sentirás lejanos. Lejanos y ajenos. Pero formando parte de la persona que has llegado a ser. Sientes pena entonces por no poder arrancarte un pedacito de corazón y entregarlo como amuleto, como una prueba real y tangible de que estarás ahí por más que pasen los días y las lunas y los soles y las mil constalaciones que deban de pasar.

Lo mejor de todo: cuando un día, sin previo aviso, aparece el reencuentro y te das cuenta de que ellos han pensando tanto en tí como tú lo has hecho, el tiempo desaparece y puedes volver a brindar con una cerveza en la mano por todos los años que quedan por delante.


Esta entrada de hoy está influenciada por la conversación mantenida a través del messenger con Carmen, que está bebiendo terremotos y piscos en Santiago de Chile, y a la que echo mucho de menos. Sólo quería darle las gracias por haber contribuído a que tenga tan buenos recuerdos de Sevilla, la ciudad que siempre será mi ciudad... ¡¡Nos vemos en septiembre, weona!!

lunes, 8 de junio de 2009

Una periodista más frustrada que nunca

Vale que como periodista que pretendo ser, hoy debería escribir un análisis más o menos detallado sobre la jornada de ayer. Pero no olvidemos que me catalogo entre los "periodistas frustrados". Y, sinceramente, me cuesta cada vez más trabajo entender qué es lo que ha hecho la derecha y los neoliberales por la mayor parte de la población (sí, esa que son trabajadores, que están en paro, que son mileuristas, la de los estudiantes que no quieren a Bolonia, la de los enfermos que no tienen hospitales... esa población) para que se vean recompensados de este modo.

En Italia, un presidente despótico, machista, de ultra-derecha, bufón, mujeriego, pedófilo, arrogante y poseedor de la mitad de los medios de comunicación del país, ha ganado. Y la Lega Nord obtiene un 10% de los votos. En España, las comunidades de Madrid y Comunidad Valenciana dan todo su apoyo a un PP corrupto, lleno de Aguirres y de Camps. Y no he querido seguir investigando sobre el resto de Europa, que con esto ya me llega...

Lanzo un aviso nada impulsivo: Evo Morales tiene toda mi simpatía. Y en Bolivia seguro que hacen falta periodistas que defiendan su causa.

martes, 2 de junio de 2009

Hay días

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca,
voy dibujándola como si saliera de mi mano,
como si por primera vez tu boca se entreabriera,
y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar,
hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige
y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas,
con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara,
y que por un azar que no busco comprender
coincide exactamente con tu boca que sonríe
por debajo de la que mi mano te dibuja.

-Rayuela, Julio Cortazar-


Hay días en los que me sorprendo mirando la lluvia a través del cristal, para un segundo después decubrir que no miro la lluvia, que me miro a mí, a mis ojos petrificados en ese vidrio transparente, buscando incesantemente en mi interior, revolviendo toda la porquería y la morralla que se guarda a veces en la despensa, esa pequeña que tengo en la segunda arteria a la izquierda. Igual que cuando limpias el trastero de tu casa, las manos acaban llenas de polvo y suciedad. Entonces, necesitas un baño para sentirte bien.

Hay días en los que por más que me empeñe, no dejo de escuchar a Sabina y a Silvio y a Calamaro, que me vuelve loca con sus vos y sus dejes de argentino cabrón, ya sabés, te invito a un poco de mate y a pasear, solo si vos querés, y que me llevan a Cortazar y a ser la Maga de algún Oliveira, tratando de pasear por las calles de algún París inventado (pues aún nunca lo visité), por las rúas y las avenidas y los parques con paragüas perdidos.

Hay días en los que también juego a ser la directora de algún film, y proyecto sobre los huecos libres de mi pared las imágenes casi difusas de un mes en Latinoamérica, más reales ahora que las veo sobre esta pantalla. Sin quererlo aparecen Óscar, y Araceli, y todos los demás, con él jugando a llevarlo en avioneta, jugando a hacerlo sonreir. Incluso él podría haberse dedicado a esto, imaginando mundos de ficción, haciéndoles creer que eran más felices.

Hay días en los que, de golpe, me doy cuenta de que han pasado nueve meses de mi vida y que todo se acaba, que no habrá más pizzas al taglio, ni gellati, ni cappuccini, ni Corso, ni Duomo. Claro que tampoco habrá Martas, Carlos, Pacos, Cristinas ni Upes. Comienza la cuenta atrás: ya vamos por 20. Cuando lleguemos al 0, será el momento de decir adiós, o decir hola, o quedarse callado. Cuando lleguemos al 0, vendrán los días de piel dorándose al sol, bañada por gotas saladas, llegará Canarias, y Barcelona, y quién sabe si Londres. Cuando lleguemos a 0, sobre todo, estará él, al que sobornaré para que me lea Rayuela mientras me derrito sobre su cama, al que chantajearé para que, ahora sí, sea mi Oliveira.

Hay días en los que puedo desnudarme y colocarme delante del espejo, sin miedos ni complejos de adolescente. Puedo tocarme. Y puedo reconocerme.

Hay días en los que, simplemente, me alegro de ser yo.