sábado, 20 de marzo de 2010

La chica que soñaba con un beso y un puñal en el corazón

El ser que yo era, ya no soy. El ser que creía ser, el sentimiento personificado, la atónita tonta sensible. ¿A dónde fue? Desnuda ante el espejo. D-E-S-N-U-D-A. Qué gracia, tengo pelos en las piernas y resulta que no me importa. Resulta que hasta me gusta la pequeña curva de mi vientre. De cerveza.

La agonía puede matar
o puede sustentar la vida
pero la paz es siempre horrible
la paz es la peor cosa
caminando
hablando
sonriendo
pareciendo ser.
Charles Bukowski

Por eso temo la tranquilidad. Por eso enloquezco y doy vueltas dentro de mi habitación y la cabeza me gira insistentemente cuando todo marcha de la mejor forma posible. Necesito la emoción, la incertidumbre, enamorarme cada día de nuevo, que se me derrame el corazón cada vez que te vea aparecer. Necesito ciudades desconocidas en las que emborracharme a la orilla del mar. O del río. O de una fuente cualquiera... Perderme en los cascos antiguos y aborrecer la perfección de las nuevas construcciones. Calles paralelas y perpendiculares, dais pena. La risa se me ahoga ante el descubrimiento de que alguien me persigue. Correr para ponerme a salvo. La imaginación al poder y las llaves en la mano. Trasnochar cada fin de semana no me satisface. Tengo orgasmos más placenteros cuando los sábados, a la una de la mañana, escucho canciones mágicas y leo los poemas que siempre soñé escribir.

¿Y la tranquilidad de mi ser que yo sé que ya no es? Cualquiera sabe. Por eso me encanta y odio sentir celos cuando me dices esas cosas. Celos que me trastocan, que me revolucionan, que me hacen SENTIR. Ya ves... El miedo horrible y fantástico de pensar en lo que podrá ser pero sé que no será.






viernes, 19 de marzo de 2010

Ética periodística

Información. Mercancía. Libre comercio. Bajan las ventas de diarios. Publicidad. Majors.
¿Qué hacemos con eso que llaman ética periodística?

Ya en primero de carrera hice un trabajo para la asignatura de Teoría de la Comunicación sobre la objetividad en esta profesión. Es cierto que no existe, que la simple elección de una palabra u otra supone dar connotaciones que los hechos en sí mismos no tienen. Una imagen, un comentario, un plano... todo influye para que el espectador reciba un mensaje cargado de significados.

A raíz de un vídeo que recibí ayer vía mail sobre las protestas de las Damas de Blanco en Cuba, he sentido curiosidad por ver qué tratamiento ha tenido esta noticia en los diferentes medios. No deja de sorprender cómo Cuatro y La Sexta, las cadenas con una ideología situada más a la izquierda, son las que ofrecen el hecho desde una perspectiva más sesgada.

Noticias Cuatro




Noticias Antena 3



Noticias La Sexta



Noticias TVE


Noticias TV3 (Minuto 22:35)




¿Qué opináis?

viernes, 5 de marzo de 2010

Promises


Prométeme que sonreirás cada día al despertarte. Prométeme que no volverás a pensar en las bombas, las piedras, los muertos. Prométeme que olvidarás tu rencor y tu odio, que dejarás que salgan por los poros de tu piel evaporándose más allá de las nubes. Prométeme que tenderás tu mano para ayudar a quien tienes al lado, porque es posible que esté tan perdido y desamparado como tú, que tampoco entienda lo que está ocurriendo y que por las noches estrelle su pequeña cabeza llena de dudas sobre una almohada empapada en lágrimas. Prométeme que vivirás, pequeño... que vivirás y amarás y tratarás de salir de este infierno que los demás te han dejado como herencia. Prométeme que educarás a tus hijos en el respeto. También yo necesito creer que todo esto tiene solución.


Palestina e Israel. Dos estados enfrentados desde hace más de medio siglo en el que los detalles insignificantes están cargados de ideología, de una importancia que no les corresponde. ¿Cómo convivir con un vecino que ha asesinado a tu familia? Bueno, quizá él no, pero sí los de su bando. Y cómo conseguir no tener prejuicios cuando te han bombardeado desde tu nacimiento con la historia de los buenos y los malos? En este magnífico documental, dirigido por Justine Shapiro, B. Z. Goldberg y Carlos Bolado, siete historias se confunden y se entrelazan en la ciudad Santa de Jerusalén. Siete historias de niños judíos y árabes que viven a no más de veinte minutos pero que jamás han jugado juntos al balón. Tratando de alejarse de los estereotipos que envuelven al conflicto, Goldberg habla y entrevista a los que no son nadie, a los que han crecido en campos de refugiados, a los que jamás partieron de los campos de concentración. El resultado es desconcertante. Mezcla de impotencia, de dolor, de venganza en los ojos de los niños palestinos. Despecho y prepotencia en las palabras de los jóvenes judíos ortodoxos que repiten palabras aprendidas de sus radicales progenitores sin percatarse de todo el daño que ello conlleva. Comprensión e impotencia en los ojos de los gemelos que aunque son judíos tampoco entienden a los que gritan consignas, aunque sean de su bando, y que se despojan de ideas preconcebidas y dan el paso para la convivencia.


Para el espectador, una sensación de inocencia rota, de pena infinita ante lo que observa. Pero hay una sorpresa, un reencuentro, un partido de fútbol en el que parece que todos son del mismo equipo, en el que los goles se marcan contra el sistema abominable que persiste a causa de los que duermen en palacios y se protegen con guardaespaldas. Es la felicidad efímera de verlos jugar, de observar cómo dejan de ser adultos de metro y medio para convertirse en lo que son, en niños. No durará mucho la ilusión de que quizá ese sea el camino, de que hemos dado con la solución. No durará, y el espectador acaba sentado en su sillón, probablemente con los ojos un tanto hinchados, tan desconcertado (o quizá más) que al principio, maldiciendo a los señores de capa y espada que desde sus despachos se empeñan en organizar al mundo bajo sus propias reglas.


lunes, 1 de marzo de 2010

Visiones sobre el amor

—En efecto; se me antoja que debe de ser imposible conocer a aquella mujer con quien se convive y que acaba por formar parte nuestra. ¿No has oído aquello que decía uno de nuestros más grandes poetas, Campoamor?

—No; ¿qué es ello?

—Pues decía que cuando uno se casa, si lo hace enamorado de veras, al principio no puede tocar el cuerpo de su mujer sin emberrenchinarse y encenderse en deseo carnal, pero que pasa tiempo, se acostumbra, y llega un día en que lo mismo le es tocar con la mano al muslo desnudo de su mujer que al propio muslo suyo, pero también entonces, si tuvieran que cortarle a su mujer el muslo le dolería comosi le cortasen el propio.

Niebla, Miguel de Unamuno


Martin Hache, Adolfo Aristaráin





Dos joyas, una literaria y otra cinematográfica. ¿Nos casamos o nos follamos a las mentes?