sábado, 10 de diciembre de 2011

London, a few months later...


La ciudad te atrapa y te consume. Es grande, grande, grande. Tan grande como nunca llegaste a imaginar. Casas y calles se multiplican hasta el infinito, todo en el sentido contrario. Después del cuatro no va el cinco, sino el tres. La guagua no es la guagua, sino el bus (pronunciado bas). La hora de la merienda es la hora de la cena. Los cielos azules, cuando los hay, no son sinónimo de calor, sino de frío y humedad. Los inmigrantes no son los extraños, sino los dueños de todo. Aquí, los británicos son la excepción. Y el café con los amigos es una carrera suicida por las intersecciones de la City rodeada de desconocidos. En un vaso de cartón con el símbolo de Starbucks, eso sí. Corres y te pisan los talones. Así es Londres.